Sir John Templeton: ¿el mayor inversor del siglo XX?
Fundador de Templeton Mutual Funds, filántropo y creador del Premio Templeton, dotado con 1 millón de libras esterlinas Sir John Templeton no sólo fue uno de los mayores financieros de todos los tiempos, sino también una de las mejores personas que ha habido nunca. Yo tuve el honor de contarlo entre mis mentores. Su lema: «Sabemos muy poco, queremos aprender mucho», lo guió a lo largo de su longeva y deslumbrante vida de pionero, iconoclasta, persona de inquietudes espirituales y filántropo.
Era famoso por su capacidad de enfrentarse a las situaciones más difíciles y encontrar la manera de aprovecharlas en bien de todos.
John Templeton no siempre fue «sir». Tuvo unos comienzos humildes en un pueblo de Tennessee, donde fue educado en el ahorro, la autosuficiencia y la disciplina personal. Estudió en las universidades de Yale y Oxford y empezó a trabajar en Wall Street en 1937, en plena Gran Depresión. Siempre fue a contra corriente y creía que había que comprar acciones en el «momento de máximo pesimismo». Cuando todo el mundo pensaba que era el fin del mundo, John pensaba que era el momento de invertir. Cuando todo el mundo pensaba: «¡Oh, Dios mío! ¡No nos puede ir mejor!», para él era el momento de vender.
La primera vez que puso en práctica su teoría fue en el otoño de 1939.
Cuando la Depresión aún se dejaba sentir y las tropas de Hitler entraban en Polonia, dando inicio a la segunda guerra mundial, John Templeton decidió, con todo el dinero que había ahorrado y alguno más que pidió prestado, comprar 100 dólares de todas las acciones que se cotizaran a un dólar o menos en la bolsa de Nueva York. Aquella cartera se convirtió en la base de una gran fortuna personal y de un imperio de gestión de activos. También fue pionero de la inversión internacional. Mientras que el resto de los estadounidenses se negaba a mirar más allá de las fronteras de Estados Unidos, John buscaba oportunidades por todo el mundo.
Y conforme su fortuna crecía, crecía también su dedicación a los demás.
En 1972 creó el mayor premio anual del mundo concedido a un individuo, más dotado que el premio Nobel, en reconocimiento del compromiso espiritual. La madre Teresa fue la primera galardonada con el premio Templeton. La fundación de sir John también financia la investigación científica y tecnológica, y en 1987 la reina Isabel lo nombró caballero por su gran contribución a la humanidad.
Sir John habló, escribió e inspiró a millones de personas con su humilde mensaje de integridad, capacidad de empresa y fe, hasta el mismo día de su muerte en 2008, a los 95 años de edad. (Digamos de paso que predijo certeramente el estallido de la burbuja inmobiliaria de ese año.) Lo que sigue es un extracto de una entrevista que le hice unos meses antes de su fallecimiento. Su amabilidad se trasluce en cada respuesta. Nos dice que las prendas que nos hacen un buen inversor son las mismas que pueden hacernos buenas personas.
TR: Sir John, casi todo el mundo se mueve o por dinero o por motivos espirituales —o una cosa o la otra—, pero parece que tú has encontrado la manera de integrar ambas cosas en tu vida de una manera muy natural. ¿Puede la gente hacer lo mismo?
JT: ¡Por supuesto! No hay contradicción. ¿Querrías tú hacer negocios con una persona en la que no confías? ¡No! Si un hombre tiene fama de ser poco fiable, la gente lo rehuirá. Su negocio fracasará. Pero si una persona tiene unos principios éticos elevados, unos principios espirituales elevados, tratará de ofrecer a sus clientes y a sus empleados más de lo que éstos esperan. Y si lo hace, será popular. Tendrá más clientes. Obtendrá mayores beneficios. Hará más bien en el mundo y, por tanto, prosperará y tendrá más amigos y será más respetado.
Así que empecemos siempre dando más de lo que se espera de nosotros, tratando a los demás con más justicia de la debida, porque ese es el secreto del éxito. No intentemos nunca aprovecharnos de los demás ni impedir que los demás progresen por su cuenta. Cuanto más ayudemos a los demás, más prosperaremos nosotros.
TR: ¿Cuál fue tu primera inversión? ¿Por qué lo hiciste y cómo resultó?
JT: Empecé al principio de la segunda guerra mundial, en septiembre de 1939. Acabábamos de pasar la mayor crisis económica del mundo y muchas empresas habían quebrado. Pero una guerra produce demanda de casi todos los productos, por lo que, durante una guerra, casi todas las empresas volverán a prosperar. Así que le pedí a un corredor de bolsa que compraran cien dólares de todas las acciones que se cotizaran a un dólar o menos, y había ciento cuatro. De esas, gané en cien y sólo perdí dinero en cuatro.
Tres años después, mi mujer y yo tuvimos la ocasión de comprar una pequeña consultoría de inversiones cuyo dueño se jubilaba y, como disponíamos de ahorros, la compramos. Empezamos sin apenas clientes en Radio City, Nueva York, y trabajamos durante veinticinco años, sin dejar de ahorrar cincuenta céntimos de cada dólar que ganábamos, que guardábamos para nuestra jubilación y nuestras obras benéficas.
TR: ¡Guau! Y no rindieron poco esos cincuenta céntimos de cada dólar, sir John. La mayoría de la gente diría: «¡Eso es imposible! ¡No puedo ahorrar la mitad de lo que gano e invertirlo!» ¡Pero así es como creaste tú tu riqueza de la nada, y eso en plena Depresión! También he leído que si alguien hubiera invertido contigo 100.000 dólares en 1940, sin meter un céntimo más y olvidándose de la inversión, en 1999 habrían rendido ¡55 millones de dólares! ¿Es eso verdad?
JT: Sí, siempre que hubiera reinvertido las ganancias.
TR: Déjame preguntarte por tu idea de la inversión. Una vez me dijiste: «No sólo hay que comprar cuando mayor es el pesimismo, sino también vender cuando el optimismo es máximo». ¿Es verdad eso?
JT: Es verdad. Hay un buen dicho que reza: «El mercado baja en momentos de pesimismo, sube en momentos de escepticismo, madura en momentos de optimismo y termina en momentos de euforia». Eso siempre ocurre en todo mercado alcista y nos ayuda a saber dónde estamos. Si conoces el estado anímico de los inversores, podrás decir si el mercado es seguro a un nivel bajo o peligroso a un nivel alto.
TR: ¿Cuál crees que es el mayor error que cometen los inversores?
JT: La gran mayoría de la gente no se hace rica porque no se disciplina para ahorrar una parte de lo que cobra cada mes. Pero, aparte de eso, y una vez que hemos ahorrado dinero, tenemos que invertirlo en buenas oportunidades, y eso no es fácil. Muy pocas personas, sobre todo si sólo lo hacen en su tiempo libre, saben elegir las buenas inversiones. Así como no somos nuestro médico ni nuestro abogado, tampoco es bueno querer ser el gestor de nuestras inversiones. Es mejor recurrir a los mejores profesionales y a los analistas para que nos ayuden.
TR: Hablando con algunos de tus socios en Bahamas, les pregunté: «¿En qué invierte Sir John?», y ellos me contestaron: «¡En todo! Compraría un árbol si cree que puede hacer negocio con él». «¿Y cuánto tiempo mantiene una inversión?», pregunté yo. «¡Todo el tiempo! ¡Hasta que la inversión empieza a rendir!» Sir John, ¿cuándo sabes que tienes que vender una inversión? ¿Cómo sabes si te has equivocado? ¿Cómo sabes que es hora de liquidar?
JT: ¡Ésa es una de las cuestiones más importantes! Mucha gente dirá: «Sé cuándo comprar, pero no cuándo vender». Pero después de cincuenta y cuatro años que llevo ayudando a inversores, creo que tengo la respuesta: sólo hay que vender un activo cuando hayamos encontrado otro que sea una oportunidad un 50 por ciento mejor que la otra. Hay que buscar siempre buenas oportunidades y mirar lo que tenemos. Si entre lo que tenemos en la cartera hay una inversión que es un 50 por ciento peor que la oportunidad que encontramos, vendemos la vieja y compramos la nueva. Pero aun así no siempre acertamos.
TR: ¿Por qué deberían los estadounidenses estar tranquilos cuando invierten fuera de su país?
JT: Piensa una cosa: si nuestro trabajo consiste en encontrar las mejores oportunidades, sin duda encontraremos más si no nos limitamos a buscarlas en una sola nación. Por lo mismo, encontraremos mejores oportunidades si miramos en todos los sitios y no sólo en un país. Pero lo más importante es que eso reduce nuestro riesgo porque los mercados de todos los países sufren caídas. Más o menos dos veces cada doce años hay una fuerte caída del mercado en un país importante, pero no ocurre al mismo tiempo. Por lo tanto, si hemos diversificado y tenemos nuestros activos invertidos en muchos países, cuando el mercado de un país caiga, no sufriremos tanto como quien haya invertido todo en ese país.
Siempre aconsejamos a nuestros inversores que diversifiquen, es decir, que inviertan no sólo en más de una empresa y en más de una industria, sino también en más de un país, para que nuestra cartera esté más segura y pueda rendir más.
TR: ¿Qué crees que te distingue de los demás inversores? ¿A qué se debe que seas uno de los mayores inversores de todos los tiempos?
JT: Gracias. No me considero eso. No siempre lo hemos hecho bien. Nadie lo hace, pero sí hemos tratado de ser un poco mejores que la competencia, dar más de lo que se espera de nosotros, mejorar siempre nuestros métodos y usar nuevos para aventajar a la competencia. Si hay algún secreto, es este: ¡no queramos coger e irnos, cojamos y demos!
TR: Sir John, hoy día hay mucho miedo en muchos niveles de la sociedad.
¿Cómo nos enfrentamos al miedo?
JT: Para superar el miedo, lo mejor es estar muy agradecidos. Si nos levantamos todas las mañanas pensando en cinco cosas por las que estamos muy agradecidos, seguramente no sentiremos miedo, transmitiremos optimismo, gratitud, haremos las cosas mejor, atraeremos a más gente. Creo que la gratitud nos salvará de una vida de miedo.
TR: Me gustaría saber cómo te ves a ti mismo: ¿quién es sir John Templeton?
¿En qué consiste realmente tu vida? En definitiva, ¿cómo te gustaría que te recordaran?
JT: Soy un estudiante que siempre quiere aprender. Soy un pecador. Todos lo somos. Siempre he tratado de mejorar día a día, y sobre todo me he preguntado: «¿Cuáles son los designios de Dios? ¿Por qué creó Dios el universo? ¿Qué espera de sus hijos en la tierra?». Y la mejor respuesta que podemos dar es: espera que crezcamos espiritualmente. Nos somete a pruebas y tribulaciones como nos hacen exámenes en la escuela, porque eso puede ayudarnos a engrandecer nuestra alma. La vida es un reto. La visa es una aventura. Es una aventura maravillosa y emocionante. Todos deberíamos hacer las cosas lo mejor que podamos mientras el Señor nos tenga en este planeta.
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Resumen. El pionero de la inversión internacional y filántropo que compró en máximo pesimismo (1939, con la guerra comenzando) y vendió en máximo optimismo. Su secreto: la gratitud y la humildad como base del pensamiento claro.
Puntos claveSabemos muy poco, queremos aprender mucho. — Sir John TempletonComprueba que entendiste