Libro
Dinero: domina el juego
Capítulo 1.2

Capítulo 1.2

Capítulo 5 de 47

Los siete simples pasos para alcanzar la libertad financiera: creemos una renta vitalicia Un viaje de mil kilómetros empieza con un paso.

LAO-TSE Dígame el lector una cosa: ¿ha pasado alguna vez por la experiencia... la humillante experiencia de jugar a un videojuego con un niño? ¿Quién gana siempre? ¡El niño, desde luego! Pero ¿cómo lo hace? ¿Es más listo, más rápido, más fuerte que nosotros?

La cosa funciona así: estamos visitando a nuestro sobrino o sobrina y nos dice:

—¡Ven a jugar conmigo, tío Tony!

Enseguida protestamos:

—No, no, no sé jugar a eso. Juega tú.

—¡Vamos, es fácil! —dicen ellos—. Déjame que te enseñe.

Y se cargan a unos cuantos malos en cuanto aparecen en la pantalla.

Nosotros nos resistimos otro poco, y ellos insisten:

—¡Va, va, porfa, porfa!

Como queremos mucho al pequeño, cedemos. Y entonces pronuncian las simples palabras que nos dicen que hemos caído en sus redes:

—¡Tú primero!

Decidimos, pues, jugar. Vamos a enseñarle unas cuantas cosas. ¿Y qué pasa? ¡Pum, pum, pum! En 3,4 segundos estamos muertos. Con un tiro en la sien. Eliminados.

Entonces nuestro sobrinito coge la pistola y se lía a tiros. Los malos caen del cielo y se escabullen por las esquinas a la velocidad del rayo.

Nuestro sobrino anticipa sus movimientos y va cargándoselos uno tras otro.

Cuarenta y cinco minutos después nos toca de nuevo.

Ahora estamos mosqueados y nos empleamos más a fondo. Esta vez duramos nada más y nada menos que cinco segundos. Y nuestro sobrino juega otros cuarenta y cinco minutos. Ya lo sabemos.

¿Por qué ganan siempre estos pequeños? ¿Porque tienen mejores reflejos? ¿Porque son más rápidos? ¡Es porque han jugado a ese juego antes!

Ya tienen uno de los grandes secretos de la riqueza y el éxito: saben anticipar el camino.

Recordemos esto: la anticipación es la clave del poder. Los perdedores reaccionan; los líderes se anticipan. Y en las páginas que siguen aprenderemos a anticiparnos gracias a los mejores de los mejores: Ray Dalio, Paul Tudor Jones y otros cincuenta grandes líderes financieros. Están aquí para ayudarnos a anticipar los problemas y retos que puedan presentársenos en nuestro camino a la libertad financiera y a no chocar con ellos. Como dice Ray Dalio, el mundo de las finanzas es una jungla llena de cosas que pueden matarnos financieramente, y necesitamos personas de confianza que nos guíen y nos ayuden a atravesar esa jungla. Con su ayuda vamos a trazar un plan que nos permita anticipar los obstáculos, evitar estreses innecesarios y llegar a nuestro destino financiero ideal.

Quiero dar una rápida idea de adónde nos dirigimos y cómo he organizado este libro, para que podamos usarlo de la mejor manera posible.

Pero antes dejemos claro lo que nos mueve realmente. Este libro persigue un objetivo principal: prepararnos para tener una renta vitalicia sin necesidad de trabajar. ¡Verdadera libertad financiera! Y lo bueno es que eso puede conseguirlo cualquiera. Aunque estemos hasta el cuello de deudas —sí, aun así—, con un poco de tiempo, la debida dedicación y aplicando las estrategias correctas, podremos conseguir seguridad e incluso independencia financiera en unos pocos años.

Antes de empezar a dar esos pasos, veamos primero por qué la seguridad financiera parecía antes tan fácil de conseguir. ¿Qué ha cambiado? ¿Y qué tenemos que hacer? Empecemos con una leccioncita de historia.

Podemos ser jóvenes sin dinero, pero no viejos sin dinero.

TENNESSEE WILLIAMS Nuestra vida financiera parece mucho más dura hoy en día, ¿verdad? Estoy seguro de que el lector se pregunta por qué es tan difícil ahorrar dinero y jubilarnos tranquilamente. Hemos llegado a considerar que la jubilación es algo obvio en nuestra sociedad, una etapa sacrosanta de la vida. Pero no olvidemos que la jubilación es un concepto relativamente nuevo, del que hemos disfrutado una generación o dos: la mayoría de nosotros, nuestros padres y nuestros abuelos. Antes de ellos, la gente trabajaba hasta que no podía más.

Hasta que se moría.

¿Recuerda el lector la historia? ¿Cuándo se creó la seguridad social? La creó Franklin Delano Roosevelt durante la Gran Depresión, cuando no había servicios sociales para los ancianos y los enfermos. Y «anciano» significaba entonces otra cosa. La esperanza de vida en Estados Unidos era de sesenta y dos años. ¡Sólo! Y la pensión de jubilación no se cobraba hasta los sesenta y cinco años, con lo que no todo el mundo llegaba a percibirla o al menos no por mucho tiempo. De hecho, el mismo Roosevelt no vivió lo bastante para cobrarla (aunque tampoco lo necesitaba). Murió a los sesenta y tres años.

La implantación de la seguridad social alivió el sufrimiento de millones de estadounidenses en un momento de crisis, pero no estaba pensada para sustituir los ahorros de la jubilación: no era sino un suplemento para cubrir las necesidades más básicas. Y el sistema no se diseñó para el mundo en el que vivimos hoy.

Ésta es la nueva realidad: hay un 50 por ciento de posibilidades de que, en un matrimonio, al menos uno de los cónyuges viva hasta los noventa y dos años, y un 25 por ciento de que lo haga hasta los noventa y siete.

¡Guau! Nos acercamos rápidamente a una esperanza de vida de cien años.

Y con vidas más largas, los años de jubilación serán más, muchos más.

Hace cincuenta años, la duración media de la jubilación era de doce años.

Una persona que se jubile hoy a los sesenta y cinco puede vivir hasta los ochenta y cinco o más. Son veinte años más de jubilación. Y eso es la media.

¡Algunos vivirán más y tendrán treinta años de jubilación!

No es posible financiar una jubilación de treinta años con treinta años de trabajo. No podemos esperar financiar una jubilación tan larga ahorrando el 10 por ciento de nuestros ingresos.

JOHN SHOVEN, profesor de economía de la Universidad de Stanford ¿Cuánto esperamos vivir? Los avances que están produciéndose en la tecnología médica podrían sumar años, incluso décadas, a nuestra vida.

Desde las células madre hasta la regeneración celular, pasando por la impresión tridimensional de órganos, la tecnología avanza a pasos agigantados. Lo veremos en el capítulo 7.1 «El futuro es mejor de lo que creemos». Es estupendo, pero ¿estamos preparados? Muchos de nosotros no.

Una encuesta reciente de la compañía de seguros Mass Mutual preguntaba a los baby boomers qué era lo que más temían.

¿Qué piensa el lector que contestaron? ¿La muerte? ¿El terrorismo? ¿La peste?

No, lo que más temían era sobrevivir a sus ahorros.

(La muerte, por cierto, quedó en un lejano segundo puesto).

El miedo de estas personas está justificado, como lo está el de los jóvenes. Según un estudio de Ernst and Young, el 75 por ciento de los estadounidenses podrían ver cómo sus activos desaparecen antes de que mueran. Y el sistema de la seguridad social —si no se acaba en la siguiente generación— no garantizará por sí solo un nivel de vida adecuado. La pensión media es de 1.294 dólares mensuales. ¿Para cuánto creemos que da eso si vivimos en Nueva York, Los Ángeles, Chicago o Miami? ¿Y cuánto tiempo funcionará el sistema equivalente de nuestro país si residimos en Londres, Sidney, Roma, Tokio, Hong Kong o Nueva Delhi? Vivamos donde vivamos, si no tenemos otra fuente de ingresos podríamos acabar mendigando a la puerta del supermercado.

Está claro que tendremos que estirar nuestra pensión más que nunca, precisamente en medio de una economía deprimida y en un momento en el que muchas personas luchan por recuperar el terreno perdido.

¿Cómo hemos respondido a esta creciente emergencia? A muchos el problema nos parece tan difícil y abrumador que simplemente lo ignoramos y esperamos que pase. Según el EBRI (Employee Benefit Research Institute), el 48 por ciento de los estadounidenses ni siquiera ha calculado cuánto dinero necesitarán para jubilarse. ¡Sí, el 48 por ciento! Es una cantidad enorme: casi la mitad de nosotros aún no hemos dado el primer paso para planear nuestro futuro... ¡y la hora de echar cuentas se acerca!

¿Cuál es, pues, la solución? Empieza dando el paso número uno: tomar la decisión financiera más importante de nuestra vida. Cuando el lector termine de leer este libro, tendrá no sólo un plan de ahorro e inversión automático, sino que también sabrá cómo ingresar dinero sin tener que trabajar.

¡Un momento! Demasiado bonito para ser cierto, pensará el lector. Y nada de lo que parece demasiado bonito para ser cierto lo es, ¿verdad?

Pero seguro que sabemos que hay excepciones a la regla. ¿Qué pensaría el lector si le dijera que hoy hay instrumentos financieros que nos permiten ganar dinero con mercados alcistas y no perder un céntimo con mercados bajistas? Hace veinte años los inversores normales ni se habrían imaginado tal cosa. Pero los inversores que usaron estos instrumentos en 2008 no perdieron un céntimo ni una noche de sueño. Yo mismo tengo esta seguridad y libertad para mi familia. Es una sensación estupenda saber que nunca te faltarán ingresos. Y quiero que el lector también sienta eso, para sí mismo y para su familia. En este libro le enseñaré a crearse una fuente de ingresos vitalicia garantizada.

Un sueldo de por vida sin tener que trabajar.

¿No sería magnífico abrir nuestro correo a final de mes y encontrarnos, en lugar de un extracto bancario con un saldo que ojalá no haya bajado, un cheque? Imaginemos que eso ocurre todos los meses. Eso es un ingreso de por vida y hay una manera de conseguirlo.

En la segunda parte del libro veremos cómo convertir nuestras inversiones en un colchón —lo que yo llamo «masa crítica»— que nos hará ganar dinero incluso cuando dormimos. Con unas cuantas estrategias sencillas, seremos capaces de crear una fuente de ingresos segura que nos permitirá cobrar y gestionar nuestra propia «pensión» como queramos.

Seguramente nos cueste imaginar que hoy tengamos a nuestra disposición una estructura que puede procurarnos lo siguiente:

— Protección del capital principal del ciento por ciento, lo que significa que no podemos perder nuestra inversión.

— La rentabilidad de nuestra cuenta está directamente vinculada al alza de las bolsas (por ejemplo del índice S&P 500), con lo que, si el mercado sube, participamos en las ganancias, pero si baja, ¡no perdemos!

— También tenemos la posibilidad de convertir nuestra cuenta corriente en una renta segura que percibiremos mientras vivamos.

Dejemos de imaginar: ¡es una realidad! Es una de las oportunidades que se presentan ahora a inversores como nosotros. (Sabremos más en el capítulo 5.3.) Quede claro que no estoy diciendo que, con unos ingresos vitalicios, querremos dejar de trabajar cuando tengamos la edad de jubilación tradicional. Lo más probable es que no lo hagamos. Hay estudios que muestran que, cuanto más dinero ganamos, más probable es que sigamos trabajando. Antes, la meta era hacernos ricos y jubilarnos a los cuarenta.

Ahora, la meta es hacernos ricos y trabajar hasta los noventa. Casi la mitad de las personas que ganan 750.000 dólares anuales o más dicen que no piensan jubilarse, o, si se jubilaran, lo harían como mínimo a los setenta.

¿No siguen los Rolling Stones y Mick Jagger, con setenta y un años, dando conciertos por medio mundo?

O pensemos en magnates de los negocios como Steve Wynn, que tiene setenta y dos años.

O Warren Buffett, con ochenta y cuatro.

O Rupert Murdoch, con ochenta y tres.

O Sumner Redstone, con noventa y uno.

Con esas edades seguían dirigiendo sus negocios a las mil maravillas.

(Seguramente siguen haciéndolo.) Y quizá también lo haremos nosotros.

Pero ¿qué pasa si no podemos o no queremos seguir trabajando? La seguridad social por sí sola no bastará para pagar nuestra jubilación. Con diez mil baby boomers cumpliendo sesenta y cinco años cada día y la proporción entre ancianos y jóvenes siendo cada vez más asimétrica, es posible que ni siquiera exista, al menos tal y como es ahora. En 1950 había 16,5 trabajadores que cotizaban a la seguridad social por cada jubilado. Hoy hay 2,9. En el caso de España, el número es de 2,1, según datos de mayo de 2017 de la Seguridad Social.

¿Le parece al lector sostenible esta proporción?

En un artículo titulado «Un mundo de 401k», Thomas Friedman, columnista de The New York Times y autor superventas, escribía: «Si somos personas con motivación, este mundo está hecho para nosotros. Los límites han desaparecido. Pero si no lo somos, este mundo nos resultará muy difícil porque las paredes, techos y suelos que nos protegían han desaparecido también. Habrá menos límites, pero también menos garantías. Nuestra contribución específica determinará mucho más nuestra pensión. Pagar un poco no será suficiente».

A las pensiones con las que nuestros padres y abuelos contaban para su jubilación, les ocurre lo que a los herreros y a los telefonistas. Sólo la mitad de la mano de obra privada de Estados Unidos está cubierta por algún tipo de plan de pensiones, y la mayoría de estos planes están hechos a cuenta y riesgo del trabajador.

En el caso de Estados Unidos, si son funcionarios municipales, regionales o estatales, podrían percibir una pensión del Estado, pero cada día son más los que, como los de Detroit y San Bernardino, se preguntan si seguirá habiendo dinero cuando se jubilen.

¿Cuál es, pues, nuestro plan de jubilación? ¿Tenemos una pensión del Estado? ¿Un plan de pensiones de empleo? ¿Uno individual?

Nadie es libre si no es dueño y señor de sí mismo.

EPICTETO Pero, con plan o sin él, el futuro llega rápido. Según el Center for Retirement Research, el 53 por ciento de los hogares estadounidenses están «en riesgo» porque no tendrán bastante dinero para mantener su nivel de vida cuando se jubilen. ¡Más de la mitad de las familias! Y recordemos: más de la tercera parte de los trabajadores tiene menos de mil dólares ahorrados para cuando dejen de trabajar (sin incluir pensiones ni el precio de su casa), y un 60 por ciento menos de 25.000 dólares.

¿Cómo es esto? No podemos echarle toda la culpa a la economía. La crisis del ahorro empezó mucho antes de la reciente caída. En 2005, la tasa de ahorro personal era del 1,5 por ciento en Estados Unidos. En 2003 era del 2,2 por ciento (después de llegar a su máximo de 5,5 por ciento en plena crisis).

¿Qué falla en este panorama? Que no vivimos aislados. Sabemos que tenemos que ahorrar más e invertir. ¿Por qué no lo hacemos, entonces?

¿Qué nos lo impide?

Empecemos admitiendo que los seres humanos no siempre actuamos racionalmente. Algunos gastamos en lotería aunque sepamos que las probabilidades de ganar el gordo son de uno entre 175 millones, y que es 251 veces más probable que nos caiga un rayo. De hecho, hay una estadística que nos deja pasmados: un hogar medio estadounidense se gasta mil dólares al año en lotería. Cuando me lo dijo mi amigo Shlomo Benartzi, el célebre profesor de finanzas conductuales de la Universidad de California en Los Ángeles, mi primera reacción fue exclamar «¡no es posible!». De hecho, impartiendo hace poco un seminario, pregunté al público cuántos habían comprado un billete de lotería. En una sala en la que había unas cinco mil personas, menos de cincuenta levantaron la mano. Si sólo cincuenta de cinco mil personas gastan en lotería y la media es de mil dólares, entonces es que hay mucha gente que se gasta mucho más. Por cierto, el récord lo tiene Singapur, donde el gasto medio de las familias en lotería es de 4.000 dólares anuales. ¿Nos damos cuenta de lo que 1.000, 2.000, 3.000, 4.000 dólares ahorrados y rindiendo a interés compuesto podrían suponer? En el siguiente capítulo descubriremos qué poco dinero necesitamos para conseguir de medio millón a un millón de dólares o más de jubilación, y qué poco tiempo cuesta gestionarlo.

Conque recurramos a la economía conductual y veamos si podemos discurrir algún truquito que marque la diferencia entre pobreza y riqueza. La economía conductual estudia por qué cometemos errores financieros y cómo corregirlos, incluso sin ser plenamente conscientes. Interesante, ¿no?

Dan Ariely, eminente profesor de economía conductual de la Universidad de Duke, estudia cómo nuestra mente nos engaña continuamente. Los seres humanos hemos evolucionado para depender de la vista, y una grandísima parte de nuestro cerebro está dedicada a la visión.

Pero ¿cuán a menudo nos engañan nuestros ojos? Veamos estas dos mesas:

Si preguntáramos cuál de las dos es más larga, la estrecha de la izquierda o la ancha de la derecha, la mayoría de la gente diría que la de la izquierda. Y si lo dijéramos nosotros, nos equivocaríamos. La longitud de las dos es exactamente igual (vamos, lector, mídela si no me crees). Vale, probemos otra vez:

¿Qué mesa es más larga esta vez? ¿Nos apostaríamos algo a que la de la izquierda sigue siendo la más larga? Sabemos la respuesta, pero nuestro cerebro continúa engañándonos. La de la izquierda sigue pareciendo más larga. Nuestros ojos no se ponen de acuerdo con nuestro cerebro. «Nuestra intuición nos engaña de una manera repetitiva, predecible y constante —dijo Ariely en un memorable TED Talk—. Y no podemos hacer casi nada al respecto.»

Y si cometemos errores con la vista, con la que, en teoría, somos buenos, ¿cuántas más posibilidades no tendremos de cometerlos en materias en las que no somos tan buenos, como, por ejemplo, las finanzas? Aunque pensemos que tomamos buenas decisiones financieras, o malas, damos por supuesto que controlamos las decisiones que tomamos. La ciencia nos diría que no es verdad.

Como las ilusiones ópticas a las que estamos expuestos, Ariely me dijo luego, en una entrevista, que él atribuye los errores decisionales a «ilusiones cognitivas». Un ejemplo: si mañana fuéramos al centro de salud y nos preguntaran «¿quieres donar tus órganos?», ¿qué diríamos? Algunos contestaríamos que sí de inmediato y pensaríamos que somos nobles y desprendidos. Otros podrían quedarse sin saber qué responder, o se extrañarían de la pregunta y se negarían a contestar, o contestarían que tenían que pensárselo. Pero, sea como fuere, todos daríamos por supuesto que nuestra decisión se basa en el libre albedrío. Somos adultos capaces y responsables que podemos decir si queremos o no donar nuestros órganos para salvar vidas.

Pero —y éste es el asunto— todo depende de dónde vivamos. Si residimos en Alemania, hay una posibilidad entre ocho de que donemos nuestros órganos: un 12 por ciento de la población lo hace. En Austria, país vecino de Alemania, el 99 por ciento dona sus órganos. En Suiza, el 89 por ciento, pero en Dinamarca el porcentaje es sólo del 4. ¿Qué ocurre? ¿Por qué tanta disparidad?

¿Es por religión? ¿Por miedo? ¿Es algo cultural? Pues no es por ninguna de estas cosas. La gran diferencia en el índice de donantes no tiene que ver con nada personal ni con nuestra herencia cultural. Todo depende de cómo esté expresada la pregunta en el formulario.

En países con el índice de donaciones más bajo, como Dinamarca, hay un pequeño recuadro que dice «marca esta casilla si quieres participar en el programa de donación de órganos». En países con el índice más alto, como Suiza, el formulario dice «marca esta casilla si no quieres participar en el programa de donación de órganos».

¡Ahí está el secreto! A nadie le gusta marcar casillas. No es que no queramos donar nuestros órganos. ¡Toda la diferencia está en esa pequeña inercia!

Cuando una cuestión nos supera, tendemos a suspender el juicio y no hacer nada. O hacemos lo que han decidido que hagamos. No es culpa nuestra. Estamos hechos así. El problema de la donación de órganos no es que a la gente no le importe, es que le importa mucho. La decisión es difícil y compleja, y muchos no sabemos qué hacer. «Y como no lo sabemos, nos limitamos a aceptar lo que han decidido por nosotros», explica Ariely.

Este sentido de la inercia, o de conformarnos con lo que han decidido que hagamos, ayuda a explicar por qué sólo una tercera parte de los trabajadores estadounidenses contrata un plan de pensiones. Explica por qué tan poca gente se hace un plan financiero para el futuro. Parecen cosas complicadas. No estamos seguros de lo que hacer, así que preferimos no hacer nada.

Ariely me dice que, cuando se trata del mundo físico, entendemos nuestras limitaciones y nos adaptamos a ellas. Usamos escaleras, rampas y ascensores. «Pero, por alguna razón, cuando diseñamos cosas como la sanidad, la jubilación o la bolsa, olvidamos que estamos limitados —añade —. Creo que si entendiéramos nuestras limitaciones cognitivas de la misma manera que entendemos las físicas, aunque no se nos presenten de la misma manera, podríamos construir un mundo mejor.»

Recordemos lo que decía Ray Dalio a propósito de la jungla: lo primero que se preguntaba era «¿qué no sé?». Si conocemos nuestras limitaciones, podemos adaptarnos y triunfar. Si no las conocemos, saldremos malparados.

Lo que quiero con este libro es despertar a la gente y proporcionarle el conocimiento y las herramientas necesarias para tomar inmediatamente las riendas de su vida financiera. Por eso he creado un plan que no nos dejará en la estacada por ser complejo, difícil o por requerir mucho tiempo. ¿Por qué?

Porque, como hemos visto en el caso de los formularios, la complejidad es la enemiga de la acción. Por eso he dividido este plan en siete simples pasos y he creado una nueva y poderosa aplicación para móviles, completamente gratis, que nos ayudará a ir dando esos pasos. La aplicación puede Podemos seguir nuestro progreso y celebrar nuestras victorias conforme avancemos. La aplicación nos ayudará, responderá a nuestras preguntas e incluso nos dará un empujoncito cuando lo necesitemos. Porque, aunque nos entusiasmemos mucho y tengamos las mejores intenciones, alguna distracción o un ataque de inercia pueden apartarnos de nuestro camino. Este sistema automatizado está pensado para evitar eso. ¿Y sabemos una cosa? En cuanto lo hayamos hecho, hecho está. Cuando nuestro plan esté en marcha, sólo tendremos que emplear una hora una o dos veces al año para cerciorarnos que de todo va bien. O sea, que no tenemos excusas para no emprender el camino que nos lleve a una seguridad, independencia y libertad financiera vitalicias... ¡y tener tiempo de sobra para disfrutar de las cosas que realmente importan!

Seguro que a estas alturas la mente del lector va a mil revoluciones. Sé que le he dado mucho que pensar, pero mi propósito es ayudarle a avanzar con seguridad en su vida financiera y quiero que se haga una idea clara del camino que seguiremos. Veamos, pues, someramente en qué consisten los siete simples pasos para alcanzar la libertad financiera.

Si pertenecemos a una generación que ha crecido con blogs y tuits, seguro que estaremos preguntándonos: «¿Por qué no dice el autor cuáles son esos siete pasos —¡y, ya puestos, resume todo el libro!— en un párrafo o incluso en una infografía?» Podría hacerlo. Pero saber una información no es lo mismo que asimilarla y obrar en consecuencia. La información sin acción no vale nada. Recordemos: la información abunda, pero la sabiduría escasea.

Quiero, pues, preparar nuestra mente para cada uno de los pasos que vamos a dar. Y así podremos ejecutar las acciones necesarias para alcanzar la libertad financiera.

Este libro está pensado para que dominemos un tema que atormenta a casi todo el mundo porque no han dedicado el tiempo necesario a aprender los fundamentos que les permitirán ser libres. Y dominar algo significa profundizar. Recordemos: todo el mundo puede leer algo y creer que lo ha aprendido, pero dominarlo requiere tres niveles:

El primero es la intelección cognitiva. Es nuestra capacidad para entender un concepto. Todo el mundo puede tenerla. Y muchos tenemos ya una intelección cognitiva de lo que es la inversión y las finanzas personales.

¡Pero con eso y con tres dólares tenemos para un café en Starbucks y poco más! Quiero decir que la información por sí sola no vale. Es sólo el primer paso.

Empezamos a tener algo valioso cuando pasamos al segundo nivel: el dominio emocional. Es cuando hemos oído algo tantas veces y ese algo ha despertado en nuestro interior tantos sentimientos —deseos, anhelos, miedos, inquietudes— que somos capaces de usar lo que hemos aprendido de una manera consciente y coherente.

Pero lo más importante es cuando dominamos algo físicamente, esto es, cuando no necesitamos pensar en lo que hacemos; nuestras acciones son una segunda naturaleza. Y la única manera de conseguir ese dominio es repetir la acción una y otra vez. Mi gran maestro, Jim Rohn, me enseñó que la repetición es la madre de la habilidad.

Pondré un ejemplo perfecto de cómo yo fallé en este sentido. A mis veintipocos años decidí que quería ser cinturón negro en artes marciales y tuve el privilegio de conocer y hacerme muy amigo del gran maestro Jhoon Rhee, quien introdujo el taekwondo en Estados Unidos y entrenó a Bruce Lee y a Muhammad Ali. Le dije que quería ser cinturón negro en menos tiempo que nadie en la historia y que estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario —entrenamiento, compromiso, disciplina— para lograr el récord. Accedió a acompañarme en mis viajes para entrenarme. ¡Fue tremendo! Muchas veces terminaba un seminario y llegaba a entrenar a la una de la mañana, y luego trabajaba con el maestro otras tres o cuatro horas. No dormía más que cuatro horas como mucho.

Una noche, después de pasarme un buen rato practicando exactamente el mismo movimiento unas trescientas veces como mínimo, le pregunté a mi entrenador: «Maestro, ¿cuándo pasaremos al siguiente movimiento?» Él se quedó mirándome fijamente y me dijo con una sonrisa: «Ah, saltamontes, éste es el siguiente movimiento. El hecho de que no diferencies entre el movimiento que acabas de hacer y el anterior demuestra que sigues siendo un novato. Estas sutiles diferencias son las que distinguen a un maestro de un aficionado. Y la maestría requiere este grado de repetición. Con cada repetición debes aprender un poco más».

¿Vemos a lo que me refiero? Este libro no está pensado para que lo leamos por encima una tarde.

Conforme el lector vaya leyendo, verá que este libro no se parece a ninguno porque refleja mi estilo único de enseñanza. Le haré un montón de preguntas y encontrará hechos y frases que ya habrá leído. ¡Y habrá un montón de signos de exclamación! No son erratas, sino una técnica pensada para resaltar ideas clave e inculcar conocimiento en la mente, en el cuerpo y en el espíritu del lector, de suerte que la acción se automatice. Entonces empezaremos a ver los resultados y a recoger los frutos que deseamos y necesitamos. ¿Estamos preparados para el reto?

Y recordemos: esto no es simplemente un libro, es una guía. Cada parte está concebida para que nos ayude a saber dónde estamos, financieramente hablando, y a salvar la distancia que hay entre lo que somos ahora y lo que queremos ser. El libro está pensado para dotarnos de herramientas, no sólo para hoy sino para el resto de nuestra vida. Sé que volveremos a él en diferentes etapas del camino para seguir avanzando.

PRIMERA PARTE Bienvenidos a la jungla: el viaje empieza con este primer paso Como todos los grandes aventureros, empezaremos orientándonos. En el capítulo 1.4 aprenderemos más sobre la psicología de la riqueza, lo que nos frena y algunos remedios sencillos. Descubriremos aquello por lo que realmente invertimos y conoceremos el poder de las mejores y más innovadoras estrategias financieras. En el capítulo siguiente nos pondremos en marcha. Daremos el primero de los siete simples pasos y tomaremos la decisión financiera más importante de nuestra vida. Este capítulo hay que leerlo. Aprenderemos cómo, con una mínima cantidad de dinero combinada con el milagroso poder del interés compuesto, podemos independizarnos económicamente sin necesidad de ganar una fortuna todos los años. Activaremos este sistema decidiendo ahorrar una parte de nuestros ingresos e invirtiéndolos con interés compuesto. Nos convertiremos no sólo en consumidores sino también en propietarios: seremos inversores con una participación en el futuro. Aprenderemos cómo construir nuestra «máquina de hacer dinero» automática, un sistema que nos producirá renta vitalicia mientras dormimos.

SEGUNDA PARTE Iniciémonos en el juego: conozcamos las reglas antes de jugar Seguramente, el lector conocerá el viejo dicho que reza: «Cuando un hombre con dinero se junta con un hombre con experiencia, el hombre con experiencia acaba llevándose el dinero y el hombre con dinero acaba teniendo la experiencia». Ahora que hemos decidido invertir, en esta parte explico las reglas fundamentales del juego para que no seamos presa fácil de los jugadores expertos. Esta guía nos conduce por esa jungla que, según Ray Dalio, es la inversión, y marca las zonas peligrosas con grandes cruces rojas: mitos del marketing —hay quien los llama mentiras— que suelen estar concebidos para separarnos sistemáticamente de nuestro dinero. Sabremos por qué el rendimiento que los fondos de inversión anuncian no es el que en realidad recibimos. Sé que parece absurdo, pero el uno por ciento de comisión que creemos que es todo lo que pagamos no es sino una de las más de diez comisiones que pueden llegar a cobrarnos, ¡y, con el tiempo, un fondo de inversión normal puede estar llevándose hasta el 60 por ciento de nuestro rendimiento potencial! Recordemos: ¡sólo en esta breve sección nos ahorraremos entre 250.000 y 450.000 dólares como mínimo, que volverán a nuestro bolsillo aunque la rentabilidad de nuestras inversiones sea la misma!

Y veremos que esta cantidad está documentada, o sea, basada en estudios, no en mi opinión ni en cuentos de la lechera. Examinaremos también los engaños que pueden encerrar los llamados fondos de inversión con fecha objetivo (target date funds) y los fondos de inversión sin comisión de entrada (no-load funds), y sabremos cómo protegernos de las empresas que muchas veces diseñan estos productos y estrategias para su máximo provecho... ¡y no el nuestro! Al final de esta sección habremos dado el segundo paso y, aunque sólo tengamos una pequeña cantidad de dinero, la invertiremos como lo haría un experto.

TERCERA PARTE ¿Cuánto cuestan nuestros sueños? Juguemos a ganar Juntos, examinaremos nuestros sueños financieros y fijaremos una serie de metas realistas que nos permitirán jugar a ganar. La mayoría de la gente no sabe cuánto dinero necesita para alcanzar la seguridad, independencia y libertad financieras. O piensan en cantidades tan exageradas que ni siquiera se atreven a trazar un plan para alcanzarlas. Pero en el capítulo 3.1 sabremos lo que de verdad queremos y veremos lo emocionante que es, sobre todo cuando nos demos cuenta de que nuestros sueños están más al alcance de la mano de lo que pensamos. No sólo soñaremos, sino que haremos esos sueños realidad —una realidad en forma de plan— en el capítulo 3.2. Será diferente para cada cual, y tenemos el software para personalizarlo. Podemos hacerlo en línea o con nuestra aplicación, que nos permitirá guardarlo y cambiarlo tantas veces como queramos hasta que nos parezca que es un plan realista y ejecutable. Y si vemos que no realizamos nuestros sueños lo bastante rápido, veremos cuatro maneras de acelerarlo. Cuando hayamos dado el paso número tres, no sólo sabremos cómo producir riqueza para cuando nos jubilemos, sino también cómo disfrutarla hasta entonces.

CUARTA PARTE Tomemos la decisión de inversión más importante de nuestra vida Ahora que nos hemos iniciado en el juego, conocemos sus reglas y hemos aprendido a jugar a ganar, es hora de tomar la decisión de inversión más importante de nuestra vida: ¿dónde colocamos nuestro dinero y en qué proporciones? La colocación o asignación de activos (asset allocation) es la clave para invertir con éxito, según me han dicho todos los premios Nobel, todos los gestores de fondos de inversión, todos los inversores institucionales, sin excepción. A pesar de su importancia, prácticamente el 99 por ciento de los estadounidenses saben poco o nada del tema. ¿Por qué? Quizá porque parece demasiado complicado. Pero en el capítulo 4.1 lo haré sencillo y diré cómo podemos recurrir en línea a un experto para que nos ayude. Colocar bien nuestros activos significa dividir lo que queremos invertir y meter una parte en huchas que sean seguras y nos den tranquilidad, y otra parte en huchas que sean más arriesgadas pero que podrían rendir más. ¡Es la mejor forma de invertir! Y cuando hayamos dado el paso número cuatro, no sólo sabremos cómo hacernos ricos, sino también cómo seguir siéndolo.

QUINTA PARTE Ganar sin perder: creemos un plan de renta vitalicia ¿Qué sentido tiene invertir si no disponemos de dinero con el que hacerlo?

Muchos estamos tan pendientes de ahorrar en nuestro plan de pensiones que olvidamos que algún día tendremos que sacar de él nuestros ingresos. Y como las cuentas fluctúan (¡recordemos, no siempre suben!), tenemos que crear y proteger nuestro plan de renta. ¿Recordamos el año 2008? ¿Cómo nos protegemos de la siguiente crisis? ¿Qué cartera de valores configuramos para evitar fluctuaciones? ¿Cómo sabemos que no nos quedaremos sin dinero cuando nos jubilemos, que es lo que más teme mucha gente? Podemos tener una vida longeva, pero la gozaremos mucho menos si nos quedamos sin dinero. En esta sección daré ideas concretas sobre uno de los secretos mejor guardados de la comunidad financiera y ayudaré al lector a desarrollar un plan de renta vitalicia garantizada: una fuente de ingresos que puede ser la base de una verdadera seguridad financiera. Examinaremos una serie de maneras creativas de evitar o limitar drásticamente las pérdidas y aumentar nuestras ganancias, usando los instrumentos de inversión preferidos de los bancos, las grandes empresas y algunas de las personas más ricas del mundo. ¿Qué saben ellos que nosotros no sabemos? Pues saben cómo obtener ganancias sin sufrir pérdidas, y evitar que los impuestos les dejen sin ganancias.

SEXTA PARTE Invirtamos como el 0,001 por ciento: el manual de multimillonario Conoceremos lo que tiene de bueno y lo que tiene de peligroso la situación de la economía global —cómo hemos llegado a ella y lo que puede venir— gracias a algunos de los pensadores más lúcidos e influyentes del mundo financiero. Luego conoceremos a los maestros del juego, doce de las mentes más brillantes de las finanzas, y aprenderemos lo que les ha guiado en las situaciones económicas más diversas. Le preguntaremos a Paul Tudor Jones cómo consiguió un rendimiento del 60 por ciento en 1987 prediciendo el Lunes Negro, cuando el mercado se desplomaba a su alrededor. Y cómo, veintiún años después, fue capaz de ganar un 30 por ciento cuando el mercado perdía casi el 50 por ciento y parecía de nuevo el fin del mundo. Veremos asimismo cómo evitó pérdidas y obtuvo ganancias veintiocho años seguidos en toda clase de mercados, sin perder jamás un céntimo. Algunas de las personas a las que conoceremos en nuestro «manual del multimillonario», como Charles Schwab, Carl Icahn, T. Boone Pickens, Ray Dalio y Jack Bogle, se criaron en circunstancias difíciles: no fueron hijos de papá. ¿Cómo llegaron a lo más alto? Les preguntaremos qué significa para ellos el dinero y nos asomaremos a sus carteras de valores.

Cuando hayamos dado el paso número seis, sabremos cómo invierte el 0,001 por ciento.

SÉPTIMA PARTE Haz, disfruta y comparte En esta sección trazaremos un plan de acción que nos ayudará a vivir una vida mejor, más plena, rica y deleitable. Y diremos lo que hay que hacer para no perder de vista nuestros objetivos. Garantizo que el lector quedará asombrado con algunas de las pasmosas tecnologías nuevas que harán que incluso el futuro inmediato sea mejor de lo que pensamos. Esto es lo contrario de lo que la mayoría creemos. Según una encuesta de la NBC y de The Wall Street Journal, ¡el 76 por ciento de los estadounidenses —un récord absoluto— cree que la vida de sus hijos será peor que la suya! Pero tendremos ocasión de conocer lo que piensan algunas de las mentes más brillantes de nuestro tiempo. Hablaremos con mis amigos Ray Kurzweil, el Edison de nuestra era, y con Peter Diamandis, creador de la fundación X Price, sobre las nuevas tecnologías: impresoras tridimensionales que convertirán nuestro ordenador en una fábrica, vehículos automáticos, exoesqueletos que permitirán andar a los parapléjicos, miembros artificiales desarrollados a partir de células... innovaciones, en fin, que cambiarán radicalmente nuestra vida a mejor en un futuro muy cercano. Espero que todo esto nos inspire y nos haga ver que aunque nos equivoquemos y no consigamos realizar nuestro proyecto financiero, seguiremos teniendo una calidad de vida mejor. Y a quienes tienen recursos se les abre un futuro de posibilidades ilimitadas.

Concluiremos con la afirmación de que el simple hecho del secreto de vivir es dar: compartir con otros no sólo mejora nuestra calidad de vida, sino que nos da alegría. Y conoceremos nuevas tecnologías que convierten el acto de dar en algo fácil y divertido. Espero que alimentemos nuestra mente y construyamos nuestra riqueza de manera que podamos ayudar a otros. No olvide el lector que somos socios y ahora mismo estamos dando. Mientras el lector lee, alguien que lo necesita está siendo alimentado.

Buscamos menos el sentido de la vida que sentirnos vivos.

JOSEPH CAMPBELL He hecho estos siete simple pasos para alcanzar la libertad financiera todo lo claros y sencillos que he podido. Es hora de que pasemos a la acción y empecemos a dar esos pasos, uno tras otro.

¿Qué necesitamos para darlos? ¿Qué nos va mejor? Tracémonos un plan sencillo ahora mismo. Algunos se leerán todo el libro en un largo fin de semana... y, si lo hacen, ¡es que están tan locos y obsesionados como yo, compañero de viaje! Si no disponemos de un fin de semana libre, pensemos en leernos un capítulo al día o una parte a la semana. Lo que nos venga bien.

¡Éste es un viaje que durará toda la vida, un viaje que merece la pena emprender! ¡Si el lector está conmigo, que empiece!

Repaso del capítulo

Resumen. Presentación del mapa de ruta completo del libro: los 7 pasos que van desde tomar la decisión de ser inversor hasta convertirse en alguien que da. Cada paso corresponde a una sección del libro.

Puntos clave
La libertad financiera no es un destino, es un camino que se recorre con pasos concretos y medibles.
Comprueba que entendiste
¿Cuáles son los 7 pasos hacia la libertad financiera según Robbins?
1-Decidir ser inversor, 2-conocer las reglas del juego, 3-calcular el precio de los sueños, 4-encontrar el mejor plan, 5-crear una cartera para todas las estaciones, 6-aprender de los maestros, 7-dar y enriquecer a otros.
¿Por qué 'dar' es el séptimo paso y no solo un extra opcional?
Porque Robbins argumenta que la riqueza sin propósito no genera felicidad duradera, y contribuir es la fuente de satisfacción profunda.
¿Qué diferencia este sistema de otros libros de finanzas personales?
Combina la psicología del éxito de Robbins con estrategias concretas de los mayores inversores del mundo, no solo teoría genérica.
Aplícalo: Escribe en un papel en qué paso de los 7 te encuentras actualmente y cuál es el próximo paso concreto que debes dar.
Dinero: domina el juego
Tony Robbins
47 capítulos
01DINERO 02Prólogo 03Introducción 04Capítulo 1.1 05Capítulo 1.2 06Capítulo 1.3 07Capítulo 1.4 08Capítulo 2.0 09Capítulo 2.1 10Capítulo 2.2 11Capítulo 2.3 12Capítulo 2.4 13Capítulo 2.5 14Capítulo 2.6 15Capítulo 2.7 16Capítulo 2.8 17Capítulo 3.1 18Capítulo 3.2 19Capítulo 3.3 20Capítulo 3.4 21Capítulo 3.5 22Capítulo 3.6 23Capítulo 4.1 24Capítulo 4.2 25Capítulo 4.3 26Capítulo 4.4 27Capitulo 5.1 28Capítulo 5.2 29Capítulo 5.3 30Capítulo 5.4 31Capítulo 6.0 32Capítulo 6.1 33Capítulo 6.2 34Capítulo 6.3 35Capítulo 6.4 36Capítulo 6.5 37Capítulo 6.6 38Capítulo 6.7 39Capítulo 6.8 40Capítulo 6.9 41Capítulo 6.10 42Capítulo 6.11 43Capítulo 6.12 44Capítulo 7.1 45Capítulo 7.2 46Capítulo 7.3 47Agradecimientos Quiz del libro
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