Charles Schwab: hablando con Chuck, el bróker del pueblo Fundador y presidente de Charles Schwab Corporation Habremos visto los anuncios: un hombre apuesto de pelo blanco que nos mira a los ojos a través de la cámara y nos invita a «ser dueños de nuestro mañana». O quizá recordamos esos spots de dibujos animados en los que unas personas hacen preguntas sobre sus inversiones y aparece un bocadillo animándolos a que «hablen con Chuck». Por este compromiso personal y directo lleva Charles Schwab cuarenta años en el pináculo del sector de la correduría de bajo coste y ha contribuido a crear un imperio que gestiona activos de clientes por valor de 2,38 billones, tiene 9,3 millones de cuentas, 1,4 millones de planes de pensiones de empresas, 956.000 cuentas bancarias y una red de 7.000 asesores independientes.
Antes de que Chuck Schwab apareciera, si queríamos comprar acciones, teníamos que contratar a un corredor o empresa de correduría que nos cobraba unas comisiones exorbitantes por cada operación. Pero en 1975, cuando la Comisión de Bolsa y Valores obligó al sector a desregularse, Schwab creó una de las primeras corredurías de bajo coste y lideró una nueva manera de hacer negocios que sacudió los cimientos de Wall Street.
Revolucionó la inversión y de pronto cualquier persona pudo participar completamente en los mercados sin necesidad de onerosos intermediarios.
Mientras corredores exclusivos como Merrill Lynch subían sus comisiones, Charles Schwab disminuía drásticamente —y aun eliminaba— las suyas y ofrecía una serie de servicios gratuitos que buscaban el interés del cliente y creaban un nuevo modelo. Después lideró también el paso al comercio electrónico y sigue introduciendo innovaciones que enseña a los inversores a tomar sus propias decisiones.
A sus setenta y seis años, Chuck Schwab se presenta como una persona de grandísima humildad e integridad. «Parece que la gente confía en nosotros —dice—. Tratamos a las personas para que vean que pueden confiar en nosotros y que cuidaremos de su dinero.»
Es posible que la modestia y la tranquila confianza que transmite le vengan de una vida de superación de diversas dificultades, empezando por la dislexia, un trastorno de aprendizaje que tiene en común con un número sorprendentemente alto de hombres de negocios superricos, como Richard Branson, del grupo Virgin, o John Chambers, de Cisco Systems. Pese a sus problemas lectores, Chuck se licenció por la Universidad de Stanford y cursó un máster de administración de empresas en la Escuela de Negocios de la misma universidad. Empezó su carrera en las finanzas con un boletín informativo sobre inversión. Aceptando su condición de persona ajena a Wall Street, se estableció en su California natal y fundó su correduría en San Francisco en 1973. Desde entonces, Charles Schwab Corporation ha pasado por los mercados alcistas y bajistas de los últimos cuarenta años, se ha recuperado de las crisis de 1987, 2001 y 2008, que se llevaron por delante negocios más pequeños, luchando contra las numerosas empresas semejantes que le comían el mercado y encontrando siempre la manera de innovar y crecer en todos los entornos.
Aunque dejó el cargo de consejero delegado en 2008, Chuck sigue siendo el presidente y el mayor accionista de la empresa. Según la revista Forbes, posee una fortuna personal de 6.400 millones de dólares. Con su mujer y su hija, Carrie Schwab-Pomerantz, ha participado muy activamente en las fundaciones de la familia, que ayudan a organizaciones que trabajan en educación, prevención de la pobreza, servicios humanos y sanidad. También es el presidente del Museo de Arte Moderno de San Francisco.
Chuck y yo tenemos agendas apretadísimas, pero por fin pudimos quedar en su despacho de San Francisco justo cuando este libro iba a la imprenta. Lo que sigue es un extracto de nuestra conversación:
TR: Todo el mundo conoce a Charles Schwab, y a su empresa. Pero la mayoría no sabe nada de tu historia. ¿Nos contarías algo? Tengo entendido que empezaste a interesarte por la inversión nada menos que a los trece años, ¿es así?
CS: Así es. Cuando tenía trece años, la segunda guerra mundial acababa de terminar y el mundo no era muy rico. Mi padre era un modesto abogado del valle de Sacramento y mi familia no era lo que se dice adinerada.
Pensé que viviría mejor si tenía más dinero y me puse a discurrir cómo conseguirlo. Hablé con mi padre del tema y me recomendó que leyera biografías de famosos. Todos habían invertido, así que me dije: «Esto es lo mío».
A los trece años, pues, monté una empresa de pollos. Los criaba y demás. Y monté unos cuantos negocios más por el estilo. Se me daba bien y fui haciéndome una idea de cómo funcionan los negocios.
TR: ¿Cuál fue tu idea original? ¿Y cuáles fueron tus primeros pasos prácticos? Cuéntamelo, si te apetece, para que la gente se haga una idea de tu trayectoria.
CS: Tuve bastante suerte al principio. Empecé trabajando de analista financiero y tuve algunos altibajos. Tenía unos treinta y cinco años y mucha experiencia cuando monté mi empresa en 1973. Por eso conocía algunos de los fallos que tenía el negocio de las finanzas, por ejemplo, por qué no trataban a la gente como debían. Era porque sólo les interesaba ganar dinero ellos y no darle al inversor lo que le correspondía. Siempre pensaban primero en sus empresas y en ganar dinero. «¡Ajá! —me dije—. Esto va a cambiar.»
TR: ¿Cuál ha sido la ventaja de tu empresa a lo largo de los años? El mercado inversor norteamericano creo que mueve 32 billones de dólares y vosotros representáis una buena parte de ese mercado.
CS: Somos probablemente del 5 al 10 por ciento del mercado minorista, algo así. Cuando empecé con los negocios, quise ver todos los productos, todos los servicios que ofrecemos a los clientes a través de sus ojos.
Creamos un producto que era como un fondo de inversión sin comisiones de entrada (no-load). Y lo hicimos muy bien. Hace años que a través de nosotros, la gente puede invertir gratis en fondos de inversión sin comisiones.
La gente nos decía: «¿Y cómo vais a ganar dinero con eso?». Así que buscamos la manera de hacer algún dinero. Convencimos a los fondos de inversión de que nos pagaran una comisión de lo que cobraban en concepto de gestión. Y nuestros clientes se beneficiarían de eso. Y funcionó de maravilla. Los inversores pudieron invertir gratis en una serie de fondos de inversión sin comisiones. Hicimos el mismo tipo de análisis con otras cosas. Primero la veíamos a través de los ojos de los clientes.
Pero Wall Street hacía exactamente lo contrario. Siempre decidían pensando: «¿Cuánto dinero podemos ganar con esto? Vale, pues adelante. A venderlo, muchachos». Así tomaban ellos las decisiones. Nosotros éramos lo contrario.
TR: ¿Ha cambiado eso? ¿O sigue siendo así?
CS: Sigue siendo así. Y por eso es un mercado que nos interesa mucho.
Nuestro destino, por así decirlo, es seguir tratando al cliente como a un rey, y hacer todo lo posible en su interés, en primer lugar. Claro, ganamos un poco de dinero, somos una empresa. Pero en quien primero pensamos es en el cliente.
TR: ¿Cuáles son los dos o tres mitos con los que les dices a tus clientes que tengan cuidado a la hora de invertir, para que no se llamen a engaño?
CS: Muy sencillo. Lo he visto en Wall Street muchas veces. Se abusa mucho de la gente. Nos viene un corredor muy listillo y nos dice: «Señor, ¿quiere ganar dinero?». Por supuesto, todos decimos que sí. Y nos dejamos enredar en la conversación. «Esta gente tiene el mejor aparato que has visto en tu vida. Va a pasar lo que pasó con Apple.» Total, que escuchamos la historia y al final decimos: «Vale, voy a invertir en eso».
Pues bien, la probabilidad de que la cosa nos salga bien es de una entre diez mil. ¿Por qué no apostamos más bien a los caballos? ¿O compramos un billete de lotería? Eso satisfará nuestro prurito inversor.
Y coloquemos el dinero real que tenemos en un fondo indexado, que es bastante predecible y cuyo rendimiento será bastante bueno.
TR: Muchas personas no saben las cosas y no preguntan y acaban perjudicadas. Tú eres de los primeros que dicen: «Haz preguntas».
CS: Exacto.
TR: Pero muy poca gente sabe las preguntas que hay que hacer. Ven un fondo de inversión, ven lo que rinde y piensan que es lo que ganarán.
Pero tú y yo sabemos que no es verdad.
CS: No es verdad, claro, nunca lo es. El pasado nunca garantiza el futuro.
Pero hay motivos para sacar un folleto, un informe sobre los fondos indexados. Son los motivos de por qué las acciones son la mejor inversión a largo plazo. Y es porque las empresas están para crecer. En todas las juntas directivas a las que he asistido, y he estado en seis o siete de las de la lista Fortune 500, no se habla más que de crecer.
¿Cómo podemos hacer que esta empresa crezca? Si no crecemos, echamos al consejo de administración. Y nombramos a otro.
Ahora bien, ese edificio de allí es muy bonito. Pero si vuelves dentro de cien años, seguirá teniendo el mismo tamaño, o lo habrán derribado.
Lo que no habrá hecho es crecer. Sólo las empresas crecen. Y por eso es muy buena idea invertir en acciones. Y, por supuesto, en nuestro caso, le decimos a la gente que invierta en fondos indexados, para que tengan una amplia gama de empresas y acciones y demás. Además, son los más...
TR: ... baratos.
CS: Los más baratos y los que más probabilidades tienen de comportarse tan bien como el índice. Y si nos fijamos en los de cualquier sector en los últimos cien años, se han comportado muy bien y han rendido mucho a los inversores.
TR: Si escuchamos a Jack Bogle, de Vanguard, o a alguien como David Swensen, de Yale, todos dicen que lo mejor es la gestión pasiva. Porque el 96 por ciento de todos los fondos de inversión no superan el índice durante más de diez años. Pero ¿qué le recomiendas tú al pequeño inversor, la gestión pasiva o la activa?
CS: Yo soy un inversor mixto. Invierto en un montón de acciones individuales. Pero yo tengo tiempo. Tengo conocimientos. Tengo formación. El noventa y ocho por ciento de la gente no se preocupa de eso. Tienen otras cosas que hacer en la vida, que no pasarse todo el día metido en inversiones, como hago yo, o como hace Warren Buffett. Son médicos, abogados, lo que sea. Necesitamos a esa gente para que nuestra sociedad funcione. Seguramente sólo el dos por ciento sepamos de inversiones. Por eso el resto de la gente necesita ayuda y consejo. Eso es lo que aprendí hace mucho y eso es lo que hacemos hoy. Y, en mi opinión, el noventa y ocho por ciento de la gente debe invertir, en efecto, sobre todo en fondos indexados, porque es la inversión más predecible. Mejor de lo que sería si trataran de invertir ellos mismos en esto o lo otro, que es algo muy difícil, si además tienen otro trabajo. No se pueden hacer las dos cosas.
TR: Y otra cosa de la que la gente no se da cuenta son los costes, como señala Jack Bogle. Por cada uno por ciento que nos cobran, al final perdemos el 20 por ciento.
CS: Sí, es tremendo.
TR: Y si nos cobran el dos por ciento, perdemos el 40 por ciento, y si es el tres por ciento, perdemos el 60 por ciento.
CS: Es muchísimo. Y si es después de impuestos, ya se dispara.
TR: Todos los grandes inversores con los que he hablado dicen que colocar los activos es la decisión más importante que podemos tomar. Tú tratas con muchas clases de inversores. ¿Qué ideas quieres que tu equipo aplique para hacer entender a la gente cómo debería colocar sus activos?
CS: Hoy en día es muy fácil. Hace cuarenta años era peor. Ahora tenemos los fondos indexados de los que hablábamos. Y los fondos de inversión cotizados. Podemos invertir en diferentes porciones del mercado y diversificar mucho. ¿Queremos acciones de empresas energéticas?
Podemos invertir en un fondo cotizado de empresas de ese tipo.
¿Queremos invertir en empresas de tecnología médica? Podemos hacerlo. Y, por supuesto, creo que deberíamos diversificar entre los mayores grupos empresariales. Por eso solemos invertir en un fondo indexado. Invertimos en todo, porque nunca se sabe. A veces el equipamiento electrónico va bien y sube mucho. A lo mejor el petróleo no va bien, pero ¿y el año que viene? Hay demanda de petróleo y por tanto su precio sube, y entonces rinde. Y así siempre. Eso nos permite equilibrar las ventajas de todos los sectores.
TR: Cuando colocas activos, ¿qué crees que es mejor, la inversión nacional o la internacional?
CS: Ése es otro nivel de sofisticación que creo que todo el mundo debería incluir en su cartera. Una parte hay que invertirla en el extranjero, porque la verdad es que Estados Unidos está creciendo en torno al dos o tres por ciento anual, y hay muchos otros países, como China, Indonesia o Japón, que están creciendo más. Y donde mejor rendimiento se obtiene es donde más crecimiento hay, ni más ni menos.
Pero aunque la economía estadounidense esté creciendo sólo al tres por ciento, hay sectores de ella que crecen muy rápido. Y en esos sectores debemos invertir, claro está.
TR: ¿Adónde crees que se dirigirá el mundo en los próximos diez años?
¿Qué oportunidades y dificultades crees que habrá para los inversores?
CS: Creo que nos esperan enormes oportunidades, pese a lo lentas que van las cosas ahora. Cuando recuperemos las políticas que necesitamos, la cosa prosperará, porque no es posible que Estados Unidos deje de crecer. La innovación que está produciéndose en este país es profunda.
Por ejemplo, yo vivo en San Francisco y aquello bulle de actividad.
TR: Viendo la manera como la Reserva Federal controla las tasas de interés, ¿dirías que estamos en una burbuja, en la que tenemos que asumir mucho riesgo para ver recompensas? El mercado parece ser el único lugar al que puede ir el dinero. ¿Hasta cuándo será así?
CS: No soy un gran admirador de la política actual de la Reserva Federal.
Creo que manipular las tasas de interés tanto tiempo como llevan haciéndolo no es bueno. Y supongo que eso podría crear algún tipo de burbuja. Pero no durará siempre. Probablemente pagaremos un precio.
Pero será pasajero. Habrá una inflación alta o mercados bajistas. Pero lo superaremos. Como siempre sucede cuando los políticos toman malas decisiones.
TR: Cada uno lo dice de una manera diferente, pero todos los grandes inversores del mundo se rigen por el principio del riesgo y la recompensa asimétricos. Asumen poco riesgo e intentar obtener una gran recompensa. ¿Cómo pueden hacer lo mismo los pequeños inversores? ¿Qué les aconsejarías?
CS: Todo nos remite a la pregunta de antes: ¿dónde hay mayor crecimiento? Entender los principios básicos del crecimiento es fundamental para conseguir un buen rendimiento a largo plazo. Por ejemplo, Warren Buffett lo supo desde muy joven. Compra empresas y nunca las vende. ¿Por qué? Porque las empresas siempre crecen. Ellas crecen y crecen, y él se hace más y más rico.
TR: No paga impuestos.
CS: Y no paga impuestos. ¡Si no vendemos, no pagamos impuestos!
TR: Es asombroso.
CS: Es su secreto. ¡El enigma se ha resuelto! ¡No vende!
TR: Creo que tienes cinco hijos.
CS: Y doce nietos.
TR: ¡Doce nietos! Dime una cosa: ¿si no pudieras dejarles dinero a tus hijos y lo único que pudieras legarles fuera una serie de principios sobre inversión y una cartera, ¿qué les aconsejarías?
CS: Creo que lo primero de todo es ganar nuestro dinero, tener éxito en eso.
Y ahorrar una parte.
— Asegurémonos de estudiar lo que debemos y que nos sirva para entrar en el mercado, que es el que crea empleo.
— Debemos tener un trabajo bien pagado, lo que precisamente no abunda hoy.
— Y luego meter ese dinero en un plan de pensiones. Eso significa renunciar a cosas. No comprarnos un coche. No irnos de vacaciones.
Ahorrar.
— Y entonces podemos pensar en invertir.
Es una fórmula muy sencilla. Hay mucha gente que no lo sabe, pero seguro que tú se lo enseñas.
TR: (Riendo.) ¡Eso espero!
CS: Creo que está bien dejar algo a nuestros hijos, para que se eduquen bien, pero no mucho dinero. No debemos impedir que busquen sus propias oportunidades, que desarrollen su carácter, que se realicen por sí mismos. Tenemos que ser personas muy curiosas. Tenemos que transmitir esa curiosidad a nuestros hijos. Y no es sólo cuestión de ganar dinero.
Como me crié sin dinero, sé muy bien lo que es la riqueza. En los últimos veinte años he tenido éxito y eso me ha dado posibilidades increíbles. Mi mujer y yo podemos irnos de vacaciones sin preocuparnos de lo que cuesten. Nos divertimos. Yo juego al golf. Y así muchas otras cosas. Por eso quiero perpetuar este éxito. Quiero que las generaciones que vienen tengan lo que tenemos.
TR: Has tratado a mucha gente de éxito, has estudiado empresas de éxito y a las personas que las dirigen. ¿Cuál crees que es el factor más importante?
CS: En el noventa por ciento de los casos es la necesidad. Hay mucha gente en el mundo que necesita más recursos, pero no tiene la formación, quizá tampoco la motivación. A lo mejor no ven la oportunidad que se les presenta. ¿Cómo se percibe la oportunidad que se nos pone delante?
Vemos a las personas que han triunfado y nos decimos: «Yo también puedo hacerlo.» ¿Cómo se siente eso? No lo sé.
TR: Ahora tienes setenta y seis años y no descubriste que eras disléxico hasta los cuarenta, ¿verdad?
CS: Así es.
TR: Mucha gente piensa que eso es una limitación. ¿Cómo es que nunca lo fue para ti?
CS: ¡Quizá porque, gracias a Dios, no lo sabía cuando era niño! Pero a mi hijo, cuando empezó la escuela, lo llevamos a hacerle unas pruebas y vimos que era disléxico. «¡Oh, Dios mío! —me dije—. ¡Ahora tiene que enfrentarse a todo lo que yo me enfrenté cuando tenía siete, ocho, nueve años!» Y quedó claro que yo también era disléxico, lo que explicaba muchas cosas de mis años escolares. Por ejemplo, el alfabeto me resultaba imposible. Y leer... ni siquiera hoy leo novelas, sólo leo ensayo.
TR: ¡Guau! ¿Qué te hizo triunfar en el mundo financiero, pues?
CS: Era bastante bueno en matemáticas. Y también lo era con la gente. No sabía escribir muy bien, pero a mi alrededor había personas que sí sabían. Así que pronto se aprende una cosa: no podemos hacerlo todo solos. Necesitamos a gente con nosotros que sea mejor que nosotros en todo lo demás. Pero debemos ser capaces de inspirar a esas personas para que trabajen juntas en nuestro proyecto común. Y eso es lo que sí he hecho bien todos estos años.
TR: ¿Cuál es tu pasión?
CS: Mi pasión es convencer a la gente de la necesidad que tenemos de ganar, ahorrar y crecer para poder jubilarnos. Y vamos a vivir, ¡ya lo creo!
Ahora tengo setenta años, pero es probable que vivamos noventa, noventa y cinco años. Vamos a estar jubilados mucho tiempo. Así que tenemos que ahorrar mucho dinero para poder vivir cómodamente.
TR: Las personas con las que he hablado y que te conocen desde hace veinte años dicen que sigues siendo tan apasionado como eras o más.
CS: Seguramente más. (Risas.) TR: ¡Guau! ¿Cómo es eso? ¿Cómo mantienes esa pasión? ¿Por qué es mayor?
CS: Bueno, fíjate por ejemplo en lo que podemos hacer por filantropía.
Cuánto ayudamos a la gente. Porque hemos triunfado. Yo no podría hacerlo si no hubiera triunfado. No tendría los medios. Pero como he triunfado, puedo hacer muchas cosas. Por ejemplo, ayudar a niños con dislexia. O a las escuelas, también podemos ayudar a los niños. O a los museos; ayudar a construir lugares mejores y más grandes para que la gente vaya y vea y disfrute del arte.
Creo que una de las grandes satisfacciones de triunfar es poder dar; haces que la gente disfrute de muchas más cosas y tú también.
TR: Si alguien quisiera montar un nuevo negocio o emprender algo, ¿qué le aconsejarías para que empezara con buen pie? ¿Cómo pasaste de la idea del joven que eras, que decía «quiero conseguir que la gente se preocupe por el cliente», a crear un negocio de varios billones de dólares? ¿En qué le dirías a la gente que debe concentrarse realmente?
CS: Pues en estudiar y en adquirir toda la experiencia que pueda. Y luego en tener la paciencia de trabajar un día sí y otro también, un día sí y otro también. No es fácil, sin duda. Es como el dueño del restaurante que sirve buenos platos en cada comida. No es fácil. Pero así es como se hace un buen restaurante. Así es como somos buenos vendedores de coches. Prestando servicio todos los días. No podemos fallar. Tenemos que dar el callo todos los días. Sirviendo bien. Lo mismo pasa con la tecnología. Hemos visto muchas empresas que han fracasado porque no fueron capaces de innovar. O porque simplemente no fueron capaces de crear un producto o servicio que sirviera al cliente. Perdieron sus clientes. No perder un solo cliente. De eso se trata.
TR: Última pregunta. Sé que pasarán veinte o treinta años antes, porque te cuidas y cuidas de tu salud, y porque eres muy apasionado, pero ¿cómo querrías que te recuerden? ¿Cuál es, para ti, el legado que dejas, lo que has construido en el curso de tu vida?
CS: Bueno, varias cosas, claro. Para mi familia y demás. Pero, en el plano profesional, estoy muy orgulloso de haber cambiado el comportamiento de Wall Street. Esta institución tiene doscientos años de existencia, y nosotros, una pequeña empresa de la Costa Oeste, hemos hecho que se replanteen una serie de cosas. Y ahora están haciéndolo mucho mejor... ¡aunque no tan bien como nosotros! (Risas.) Pero están haciéndolo mucho mejor y tratando con mucha más consideración al cliente.
TR: Tú diste ejemplo.
CS: Muchas gracias.
TR: Ve con Dios. Gracias por tu tiempo.
Resumen. El fundador de la mayor correduría de bajo coste de EE.UU. democratizó el acceso a los mercados eliminando comisiones de corretaje excesivas y liderando el paso al comercio electrónico.
Puntos claveTratamos a las personas para que vean que pueden confiar en nosotros y que cuidaremos de su dinero. — Charles SchwabComprueba que entendiste