para el aprendizaje de los alumnos. Bien, pero ¿por qué no son otro tanto para el aprendizaje de los profesores?». No lo he olvidado nunca. En todas mis enseñanzas pienso en lo que a mí me parece fascinante y en aquello sobre lo que me encantaría aprender más. Utilizo mis enseñanzas para crecer; incluso después de todos estos años eso hace de mí una profesora nueva y entusiasta.
Uno de los primeros guías de Marva Collins le enseñó lo mismo: que, sobre todo, un buen profesor es quien sigue aprendiendo junto a los alumnos. Y ella les dijo eso mismo a los suyos desde el principio: «A veces no me gustan mucho los demás adultos, porque creen que lo saben todo. Yo no lo sé todo, yo puedo aprender todo el tiempo». 44 Se ha dicho que Dorothy DeLay fue una extraordinaria profesora porque no le interesaba enseñar, le interesaba aprender.
Todo esto nos lleva a la pregunta: los grandes profesores ¿nacen o se hacen? ¿Puede cualquiera ser una Collins, un Esquith o una DeLay? Todo empieza en la mentalidad de crecimiento, tanto en uno mismo como en los niños. No con palabras bonitas sobre la idea de que todos los niños pueden aprender, sino con un profundo deseo de conectar con la mente de cada niño e iluminarla.
En el diario The New York Times, Michael Lewis nos habla de un entrenador que hizo eso mismo con él:
Tenía una nueva afición... el trabajo extra... y no pasó mucho tiempo antes de que me diera cuenta de cuánto mejor sería mi vida si aplicaba este nuevo fervor, que aprendí en el campo de béisbol, a todo lo demás. Era como si ese entrenador de béisbol hubiese entrado dentro de mí y hubiese encontrado un interruptor oxidado que dijera «encender antes de usar» y lo hubiera pulsado. 45 Los entrenadores también son profesores, pero los éxitos y los fracasos de sus alumnos tienen lugar frente a multitudes, se publican en los periódicos y se registran en el libro de los récords. Su trabajo consiste en producir vencedores. Vamos a mirar de cerca a tres entrenadores legendarios y a ver sus mentalidades en acción.
ENTRENADORES: LA MENTALIDAD COMO ARMA PARA VENCER Todo el mundo que me conoce bien se ríe cuando digo que tal o cual persona es muy complicada.
—¿Qué piensas de fulano de tal?
—¡Oh!, que es muy complicado.
Normalmente no es un cumplido; significa que fulano de tal tiene mucho encanto, calidez y generosidad, pero que existe una corriente subterránea de ego que puede salir a chorros en cualquier momento. Uno nunca sabe cuándo puede confiar en él.
La mentalidad fija hace que la gente sea complicada. Hace que se preocupe por sus rasgos fijos y necesite documentarlos, a veces a tu costa. Además la gente de mentalidad fija es crítica y dogmática.
El entrenador de mentalidad fija en acción Bobby Knight, el famoso y controvertido entrenador de baloncesto universitario, era muy complicado. Sin embargo, podía ser increíblemente amable. 46 Cierta vez dejó pasar una oportunidad importante y lucrativa de convertirse en comentarista deportivo porque uno de sus antiguos jugadores había sufrido un grave accidente. Knight acudió corriendo a su lado y estuvo con él durante toda la dura experiencia.
También podía ser extremadamente cortés. Después de que el equipo de baloncesto del que era entrenador ganase la medalla olímpica de oro, insistió en que lo primero de todo era que el equipo rindiera homenaje al entrenador Henry Iba. Iba no había recibido nunca la consideración que se merecía por sus logros olímpicos, y Knight quería compensarlo de la forma que pudiera.
Hizo que el equipo llevase al entrenador Iba a hombros por toda la cancha.
A Knight le preocupaba mucho el desarrollo académico de sus jugadores. Quería que tuviesen una buena educación y puso reglas estrictas sobre faltar a las clases o a las sesiones de tutoría.
Pero también podía ser cruel, y esa crueldad provenía de la mentalidad fija. John Feinstein, autor de Una temporada en el precipicio, un libro sobre Knight y su equipo, nos cuenta:
Knight era incapaz de aceptar el fracaso. Cada derrota era una derrota personal, su equipo había perdido, un equipo que él mismo había seleccionado y entrenado [...] Un fracaso de cualquier nivel estaba a punto de destrozarlo, especialmente los fracasos como entrenador, porque entrenar a otros era lo que le daba su identidad, lo que le hacía especial y lo situaba aparte de los demás. 47 Una derrota hacía de él un fracaso y anulaba su identidad. Así que cuando era tu entrenador –cuando se medía a sí mismo por tus victorias y tus derrotas–, era implacablemente crítico. La humillación a la que sometía a los jugadores que lo dejaban en mal lugar no tenía parangón.
Feinstein dice en su libro sobre Daryl Thomas: «Knight vio un jugador con un potencial enorme. Thomas tenía lo que los entrenadores llaman ‘‘el cuerpo de un millón de dólares’’». 48 Era grande y fuerte, pero también rápido. Podía lanzar la pelota con