—Necesito más espacio.
Todo se quedó en blanco, no podía creer lo que acababa de oír. ¿Acaso yo estaba completamente equivocada con esta relación?
Finalmente me armé de valor.
—¿Qué quieres decir? –le pregunté.
Y él me dijo:
—Quiero que te eches un poco para allá, necesito más sitio.
Me alegro de haber preguntado.
Estar de acuerdo en todo Mucha gente de mentalidad fija cree que una pareja debe compartir todos los puntos de vista.
Si lo haces, ¿para qué necesitas comunicación?; puedes asumir sencillamente que tu pareja ve las cosas de la misma manera que tú.
Raymond Knee y sus colegas recibieron a un grupo de parejas y hablaron sobre sus puntos de vista acerca de diferentes aspectos de su relación. 8 Los individuos de mentalidad fija se sentían amenazados y se ponían a la defensiva ante cualquier discrepancia menor. Hasta la discordancia más mínima amenazaba la creencia tranquilizadora de la total afinidad.
Es imposible que una pareja comparta todas las suposiciones y expectativas. Uno puede suponer que la esposa dejará de trabajar y necesitará mantenerla, y el otro que ambos contribuirán al 50% en la economía.
Michael y Robin acababan de terminar la facultad y estaban a punto de casarse. Él era de los del tipo nidito bohemio de amor.
Se imaginaba que después de casarse iban a disfrutar juntos de la vida joven y a la última de Greenwich Village. De manera que cuando encontró un piso ideal creyó que a ella le encantaría. Cuando Robin lo vió se puso furiosa. Se había pasado la vida viviendo en pisitos cutres y ahora todo volvía a empezar. La gente casada tenía que vivir en bonitas casas, con automóviles nuevos aparcados fuera. Ambos se sintieron traicionados, y su relación fue a peor desde ese momento.
Las parejas pueden creer erróneamente que los integrantes están de acuerdo con los derechos y deberes de cada uno de ellos.
Rellena los espacios en blanco:
«Como esposo, tengo derecho a __________, y mi esposa tiene el deber de _________».
«Como esposa, tengo derecho a __________, y mi esposo tiene el deber de _________».
Pocas cosas ponen más furiosos a los miembros de una pareja que ver que el otro viola sus derechos; y pocas cosas pueden poner más furioso a un miembro de la pareja que el hecho de que el otro se sienta con derecho a algo que no le corresponde.
John Gottman nos cuenta: «He entrevistado a recién casados que me dijeron orgullosamente, ‘‘Yo no voy a lavar los platos, eso es trabajo para una mujer’’. Dos años después, el mismo tipo me pregunta, ‘‘¿por qué ya no tenemos relaciones sexuales mi esposa y yo?’’». 9 No lo malinterpretes: una pareja puede estar de acuerdo en asumir papeles tradicionales, eso es cosa de ellos, pero eso es diferente a imponer obligaciones.
Cuando Janet (analista financiera) y Phil (agente inmobiliario) se conocieron, él acababa de mudarse a un piso nuevo y pensaba que le gustaría dar una fiesta de inauguración, una cena para un montón de amigos suyos. Cuando Janet le dijo: «Vamos a hacerla», él se entusiasmó. Ella había hecho hincapié en el «-mos», en el nosotros. Ya que era una cocinera y organizadora de fiestas más experimentada que él, hizo todos los preparativos, y los hizo muy contenta. Le encantaba que él estuviese tan dichoso por poder celebrar ese acontecimiento. El problema comenzó después de que llegaran los invitados. Phil, sencillamente, acudió a la fiesta; se comportó como si fuera uno de los invitados, como si ella tuviese que seguir adelante con todo el trabajo. Se puso furiosa.
Lo maduro hubiera sido llevarlo aparte y hablar con él. En lugar de eso, ella decidió darle una lección. Así que simplemente acudió a la fiesta, justo como había hecho él. Afortunadamente, los derechos preestablecidos y las represalias no se convirtieron en un patrón de conducta en su relación, se impuso la comunicación. En el futuro las cosas se hablaron, no se dieron por hechas.
Una relación sin esfuerzo está condenada, no es una gran relación. Se necesita trabajar para comunicar acertadamente y se necesita esfuerzo para sacar a la luz los conflictos y resolverlos entre esperanzas y creencias. Esto no quiere decir que no haya «y fueron felices y comieron perdices», pero sería más bien algo así como «y trabajaron felices y comieron perdices».
2. Los problemas señalan defectos del carácter La segunda gran dificultad que tiene la mentalidad fija es la creencia de que los problemas son una señal de defectos muy arraigados. Pero, igual que no existen grandes logros sin contratiempos, tampoco existen grandes relaciones sin conflictos y problemas por el camino.
Cuando quienes tienen mentalidad fija hablan de sus problemas, se dedican a echarse la culpa. A veces se la echan a sí mismos, pero a menudo se la echan a la pareja. Y achacan el problema a un rasgo, a un defecto de carácter. 10
Pero la cosa no termina ahí. Cuando la gente culpa del problema a la personalidad de su pareja, siente indignación y repulsa hacia ella. Y se acumula: puesto que el problema proviene de rasgos fijos, no puede resolverse.
Así que una vez que las personas de mentalidad fija han visto defectos en sus parejas, las desdeñan y se sienten insatisfechas con toda la relación 11 (por el contrario, la gente con mentalidad de crecimiento pueden ver las imperfecciones de su pareja y seguir creyendo que tienen una relación estupenda).
A veces, las personas de mentalidad fija no quieren ver problemas en la pareja o en la relación, de modo que prefieren mirar hacia otro lado. Todo el mundo creía que Yvonne tenía un amante. Recibía misteriosas llamadas telefónicas, con frecuencia llegaba tarde a recoger a los niños del colegio, se duplicaron sus «noches con las amigas» y a menudo su mente estaba en otro sitio. Su marido, Charlie, decía que estaba pasando por una fase: «Todas las mujeres pasan por épocas así –insistía–; eso no quiere decir que tenga un amante».
El mejor amigo de Charlie le instó a que observase bien, pero él sintió que si se enfrentaba a la realidad –y esta era negativa–, su mundo se derrumbaría. En la mentalidad fija él habría tenido que enfrentarse a la idea de que, o bien la mujer que amaba era mala, o bien él era el malo y la había alejado de él o bien su relación era mala y no tenía remedio. No podía enfrentarse a nada de eso. No se le ocurrió pensar que esos problemas podían resolverse, que ella le estaba enviando un mensaje que quería desesperadamente que él escuchara: no me menosprecies, necesito más atención.
Una mentalidad de crecimiento no significa necesariamente que él se tenga que enfrentar a ella, sino que se tiene que enfrentar a ello, a la situación. Pensar en lo que puede estar fallando, quizá analizar el problema con la ayuda de un terapeuta y recabar elementos de juicio suficientes para tomar la decisión de qué hacer después. Si hubiera problemas que resolver, al menos dispondría de una oportunidad de hacerlo.
Cada uno es un fracasado Las amigas de Penélope se quedaban en casa quejándose de que no había hombres buenos. Penélope salía de casa y los encontraba. Siempre encontraba a un gran tipo y se enamoraba hasta las trancas. «Este sí que es el bueno», les decía a sus amigas conforme empezaba a leer revistas de novias y casi publicaba el anuncio de boda en el periódico local. Ellas siempre la creían porque él siempre era un tipo que les gustaba muchísimo.
Pero entonces ocurría algo. En uno de los casos, la relación se acabó porque él le llevó un regalo de cumpleaños muy cursi. En otro era que le echaba kétchup a la comida y a veces llevaba zapatos blancos. En otro más, el candidato tenía malos modales electrónicos: consultaba y utilizaba contiuamente el móvil cuando estaban juntos y veía demasiada televisión. Y esto es solamente una lista parcial.
Suponiendo que los rasgos de carácter son algo fijo, Penélope tomaba la decisión de que no podía vivir con esos defectos; pero la mayoría de ellos no eran problemas profundos ni tan graves que no pudiesen arreglarse con un poco de comunicación.
Mi marido y yo llevábamos casi un año y al acercarse mi cumpleaños le envié un mensaje muy claro:
—No soy una interesada, pero me gustaría un buen regalo.
Él me contestó:
—¿Es que no es la intención lo que cuenta?
Y le repliqué:
—Eso es lo que dice la gente cuando no quiere pensárselo mucho.
Y seguí: «una vez al año, cada uno de nosotros tenemos nuestro día. Te quiero y pienso dedicar tiempo y esfuerzo en elegir un regalo para ti, y me gustaría que tú también hicieses lo mismo conmigo». No me ha decepcionado nunca.
Penélope suponía que por alguna parte había alguien que ya era perfecto. El experto en relaciones Daniel Wile señala que escoger una pareja es elegir un conjunto de problemas. No existen candidatos libres de problemas, el truco está en reconocer las limitaciones de cada uno y construir a partir de ahí.
Los defectos vuelan Brenda y Jack eran clientes de Daniel Wile, quien nos habla de ellos. 12 Brenda volvió de su trabajo y le contó a Jack una anécdota larga y detallada que no parecía ir a ninguna parte. Jack estaba muy aburrido, pero intentó ocultarlo y ser educado. Sin embargo, Brenda podía percibir sus verdaderos sentimientos, de modo que para resultar divertida se embarcó en otro cuento sin final, que también era sobre un proyecto de su trabajo. Jack estaba a punto de explotar. Ambos estaban elaborando una lista mental con los defectos del otro. Según Wile, pensaban: «Brenda es una aburrida, Jack es un egoísta, y nuestra relación no va bien».
En realidad, ambos tenían las mejores intenciones. A Brenda le daba miedo decir directamente que había hecho un buen trabajo en su oficina ese día, pero que no quería jactarse de ello. Así que en lugar de eso se puso a hablar de los pequeños detalles de su proyecto. Jack no quería ser maleducado, de modo que en lugar de hacerle preguntas o de expresar su desconcierto, se armó de valor y esperó a que ella terminase de hablar.
Jack solo quería decir: «¿Sabes, cariño?, cuando te pones a contar tantos detalles, me pierdo y me siento frustrado. ¿Por qué no me cuentas mejor por qué te entusiasma tanto este proyecto? De veras que me encantaría oírlo».
Era un problema de comunicación, no uno de personalidad o de carácter. Y con todo, en la mentalidad fija lo de echarse las culpas llega enseguida, y con fuerza.
A propósito, me encantan estas anécdotas. Cuando era niña, la revista Ladies’ Home Journal tenía una sección semanal llamada «¿Puede salvarse este matrimonio?». Habitualmente la respuesta era que sí. Yo devoraba esas historias, me fascinaba que los matrimonios pudieran estropearse de tantas formas posibles, y estaba aún más cautivaba por cómo podrían arreglarse.
La historia de Ted y Karen, según fue contada por Aaron Beck, es la de cómo dos personas de mentalidad fija fueron desde el punto en que todos los rasgos eran buenos hasta el punto en que esos mismos rasgos se convirtieron en malos a los ojos del otro.
13 Cuando se conocieron, se atrajeron por ser opuestos. Karen irradiaba ligereza y espontaneidad; Ted, un hombre serio que acarreaba el peso del mundo sobre sus hombros, sentía que la despreocupada presencia de ella transformaba su vida. «Todo lo que dice y hace es encantador», confesaba 14 A su vez, él representaba la «figura del padre», sólida, que ella nunca tuvo. Era justo la clase de tipo estable y en quien se podía confiar, capaz de darle una sensación de seguridad.
Pero unos pocos y cortos años después, Ted veía a Karen como una cabeza hueca irresponsable –«Nunca se toma nada en serio [...] no puedo contar con ella»– 15 y Karen veía a Ted como un tirano moralizante que analizaba todos sus movimientos.
Al final el matrimonio se salvó, solo porque la pareja aprendió a responderse no con etiquetas furiosas, sino con actos útiles.
Cierto día, cuando Karen estaba empantanada de trabajo, Ted llegó a casa y todo estaba desordenado. Se enfadó y quería regañarla, pero recordando lo que había aprendido de Beck, en lugar de hacerlo se dijo a sí mismo: «¿Qué es lo más maduro que puedo hacer?». 16 Su respuesta fue empezar a limpiarlo todo. Ofreció ayuda a Karen, en lugar de crítica.
¿Puede salvarse este matrimonio?
Aaron Beck les dice a las parejas que van a su consulta que no tengan nunca estos pensamientos de mentalidad fija: «Mi pareja es incapaz de cambiar; no hay nada que pueda mejorar nuestra relación». Asegura que esas ideas están casi siempre equivocadas. 17 A veces se hace difícil no pensar esas cosas, como ocurrió en el caso de Bill y Hillary Clinton. Cuando era presidente, Bill Clinton mintió al país y a su esposa sobre su relación con Monica Lewinsky. Hillary lo defendió: «Es posible que mi marido tenga sus defectos, pero no me ha mentido nunca». 18 La verdad salió a la luz como acostumbra a hacer, especialmente cuando la ayuda un fiscal especial (el exjuez y fiscal Kenneth Starr). Hillary, traicionada y furiosa, tenía que decidir ahora si Bill era un mal marido en quien no se podía confiar o bien era un hombre que necesitaba mucha ayuda.
Este es un buen momento para poner sobre la mesa una idea importante. La creencia de que los miembros de la pareja tienen la posibilidad de cambiar no debe confundirse con la creencia de que cambiarán. Los miembros de la pareja tienen que querer cambiar, comprometerse con el cambio y emprender acciones concretas al respecto.
Los Clinton acudieron a terapia, durante un año trabajaron un día entero por semana en ese proceso. Por medio de la terapia, Bill llegó a comprender que como hijo de padres alcohólicos había aprendido a llevar una doble vida. 19 Por un lado, había acarreado sobre los hombros una responsabilidad excesiva para él a una edad muy temprana: por ejemplo, de niño prohibía rigurosamente a su padrastro que golpease a su madre. Y por el otro, mostraba muy poca responsabilidad en lo concerniente a otras facetas de su vida, en las que hacía creer que todo iba bien, pasara lo que pasase. Así fue como pudo aparecer en televisión y jurar seriamente que no tenía relación alguna con Lewinsky. Estaba en ese terreno de negación a todo y sin responsabilidad.
La gente instaba a Hillary a que lo perdonase. Cierta tarde, Stevie Wonder llamó a la Casa Blanca para preguntar si podía ir.
Había escrito una canción para ella sobre el poder del perdón y se la cantó aquella noche. 20 Pero ni así podría haber perdonado Hillary a una persona a la que veía como un mentiroso y un infiel. Ella solamente podría perdonar a un hombre que luchase con todas sus fuerzas para solucionar sus problemas y que intentase redimirse.
La pareja como enemigo En la mentalidad fija, tu compañero es la luz de tu vida un momento, y al siguiente es tu enemigo. ¿Por qué querría transformar alguien al ser amado en un enemigo?
Cuando uno falla en otras tareas, es más difícil echarle la culpa a otro, pero cuando algo va mal en una relación, culpar al otro es lo más sencillo. De hecho, en la mentalidad fija se tiene un abanico de opciones limitado. Una de ellas es culpar a tu carácter (que según esa mentalidad es invariable) y la otra es culpar al de de tu pareja. Ya ves lo tentador que resulta endilgarle la culpa al otro.
Como herencia de mi mentalidad fija todavía tengo un deseo irresistible de defenderme a mí misma y de recriminar cuando algo va mal en mi relación: «¡No es culpa mía!». Para enfrentarme a este mal hábito, mi marido y yo nos inventamos una tercera persona, un hombre imaginario de nombre Maurice. Cuando quiera que yo empiece a buscar culpables, invocamos al pobre Maurice y le echamos la culpa a él.