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El Pequeño Libro para Invertir con Sentido Común
Capítulo once. Céntrate en los fondos de menor coste

Capítulo once. Céntrate en los fondos de menor coste

Capítulo 13 de 20

Capítulo once

Céntrate en los fondos de menor coste Cuanto más gana el gestor, menos gana el inversor

¿QUÉ LECCIONES HAS APRENDIDO en los capítulos que van del ocho hasta el diez? Seleccionar fondos de renta variable en función de su rendimiento pasado de largo plazo no es la respuesta. Seleccionar fondos en función de su rendimiento de corto plazo no es la respuesta tampoco. Confiar incluso en el asesoramiento financiero mejor intencionado parece funcionar solo de vez en cuando. ¿Cómo puede resultar tan difícil la selección de fondos? Debido a algo que, en el fondo, nos dice nuestro sentido común: el rendimiento va y viene.

Pero hay algo más que merece la pena saber: puedes tener más éxito en la selección de fondos ganadores concentrándote, no en la inevitable evanescencia del rendimiento pasado, sino en algo que parece funcionar siempre o, más justamente, un factor que ha persistido a lo largo de la larga historia de la industria de los fondos.

Ese factor es el coste de invertir en fondos de inversión. Los costes permanecen.

El sentido común nos dice que el rendimiento va y viene, pero los costes permanecen.

Uno de los principales costes es la ratio de gastos del fondo, y tiende a cambiar poco a lo largo del tiempo. Mientras que algunos fondos rebajan su tasa de honorarios cuando los activos crecen, las reducciones son por lo general lo suficientemente modestas como para que los fondos de alto coste tiendan a seguir siendo de alto coste; los fondos de menor coste tienden a seguir siendo de menor coste, y los muy pocos fondos de muy bajo coste tienden a seguir siendo de muy bajo coste. Los fondos de coste medio, también, tienden a permanecer

en esa categoría.

Otro de los grandes costes de invertir en fondos de renta variable es la comisión de suscripción que se paga por cada compra de acciones. Esto, también, tiende a permanecer. Los fondos con comisión rara vez se convierten en fondos sin comisión, y viceversa. (Me cuesta recordar alguna organización de fondos grande que haya hecho la conversión inmediata de su sistema de distribución de uno con fondo a otro sin fondo desde que Vanguard tomó esa decisión drástica y sin precedentes hace treinta años.)

Los costes de rotación de cartera de los fondos individuales también tienden a persistir. Las transacciones cuestan dinero, y estimamos que los costes de rotación son aproximadamente el 0,5 por ciento de cada compra y venta, lo que significa que un fondo con una rotación de cartera del ciento por ciento supondría un coste para sus accionistas de aproximadamente el 1 por ciento de sus activos, año tras año. De manera similar, una rotación del 50 por ciento costaría alrededor del 0,50 por ciento; y una rotación del 10 por ciento costaría alrededor del 0,10 por ciento, y así sucesivamente. La regla general: los costes de rotación son igual al 1 por ciento de la tasa de rotación.

La mayoría de las comparaciones de los costes de los fondos se apoyan únicamente en las ratios de gastos comunicadas, y concluyen uniformemente que los costes más altos se corresponden con rentabilidades más bajas. Esta pauta se mantiene no solo para los fondos de renta variable como grupo, sino en cada una de las nueve categorías de estilo de Morningstar (grande, mediana y pequeña capitalización, cada una de ellas divididas en grupos de fondos con objetivos de crecimiento, inversión en valor y estrategias intermedias).

En tanto que pocas comparaciones independientes tienen en cuenta los costes adicionales de la rotación de cartera del fondo, existe una relación similar: los fondos en el cuartil de menor rotación de cartera han superado consistentemente a los del cuartil de alta rotación para todos los fondos de renta variable como grupo, y en cada una de las nueve categorías de estilo.

Si añadimos ese coste estimado de rotación a cada ratio de gastos de un fondo, hace que la relación sea pura dinamita. Teniendo en cuenta ambos costes, hallamos que los costes totales anuales van desde el 0,9 por ciento de los activos en el cuartil de menor coste hasta el 3,0 por ciento en el cuartil de mayor coste, como se muestra en la figura 11.1. (Este ejercicio ignora las comisiones de suscripción

y, por tanto, exagera las rentabilidades netas conseguidas por los fondos en cada cuartil.)

¡Los costes importan! Esos 2,1 puntos porcentuales de diferencia constituyen una enorme porción de los 2,7 puntos de ventaja en las rentabilidades de los fondos de menor coste sobre los fondos de mayor coste durante los últimos diez años. La rentabilidad neta anual de los fondos de bajo coste, 11,7 por ciento; la rentabilidad neta anual de los fondos de alto coste, solo el 9,0 por ciento, una mejora del 30 por ciento en la rentabilidad de cada año conseguida simplemente confiando en los costes relativos como guía de éxito en el rendimiento.

Cabe señalar también que en cada uno de los cuartiles de fondos, cuando añadimos los costes a las rentabilidades netas comunicadas por el fondo, las rentabilidades anuales brutas conseguidas en cada categoría son virtualmente idénticas. Las rentabilidades antes de costes se mueven en un rango estrecho: un máximo del 12,8 por ciento para el tercer cuartil y un mínimo del 12 por ciento para el cuarto cuartil, justo lo que podríamos esperar. Los costes representan la mayor parte de la diferencia en las rentabilidades netas anuales conseguidas por los fondos.

Y existe otra diferencia importante. Paso a paso, conforme los costes aumentan, también aumenta el riesgo (usando la volatilidad de las rentabilidades mensuales relativa a la volatilidad del índice S&P 500 como referencia). Esos fondos de alto coste y alta rotación asumieron un 34 por ciento más de riesgo que sus parientes de menor coste. Si tienes en cuenta esa reducción del riesgo, la rentabilidad anual ajustada al riesgo para el cuartil de menor coste queda en el 11,9 por ciento, un 47 por ciento más alto que la rentabilidad del 8,1 por ciento ajustada al riesgo del cuartil de alto coste.

Cuando capitalizamos esas rentabilidades anuales a lo largo del tiempo, la diferencia acumulada alcanza proporciones sobrecogedoras.

Ganancia total capitalizada para el periodo: 207 por ciento para los fondos de bajo coste, 118 por ciento para los fondos de alto coste, cerca de dos veces más beneficios surgidos casi completamente del diferencial de costes. ¡Las implacables reglas de la humilde aritmética!

Es decir, el valor final de los fondos de bajo coste más que se triplicó a lo largo de la década, mientras que el valor de los fondos de altos coste apenas se duplicó. Seguramente el «pescar en el estanque

de los bajos costes» debería mejorar tus rentabilidades, y por un gran margen. De nuevo, sí, los costes importan.

Pero si buscas los fondos de más bajo coste, ¿por qué limitar la búsqueda a los fondos de gestión activa? El clásico fondo indexado tenía los menores costes entre todos: una ratio de gastos que promediaba el 0,2 por ciento por año durante ese periodo. Sin unos costes de rotación de cartera significativos, el total de sus costes fue de tan solo el 0,2 por ciento. La rentabilidad bruta del 500 Index Fund fue del 11,4 por ciento al año; la rentabilidad neta del 11,2 por ciento.

Incurriendo en un menor riesgo que cualquiera de los cuatro cuartiles de coste (con una volatilidad anual de precios que promedió el 15,7 por ciento), su rentabilidad anual ajustada al riesgo fue del 11,4 por ciento, para una ganancia acumulada ajustada al riesgo que estuvo aproximadamente en la mitad del cuartil superior.

La rentabilidad ajustada al riesgo del fondo indexado: 194 por ciento; media de los fondos de gestión activa: 154 por ciento.

La rentabilidad acumulada ajustada al riesgo del fondo indexado del 194 por ciento sobrepasó la rentabilidad acumulada del 154 por ciento conseguida por el fondo medio en aproximadamente un tercio, lo cual tiene más mérito aún si tenemos en cuenta que la media está exagerada (como siempre) por el hecho de que solo los fondos que fueron lo suficientemente buenos para sobrevivir a la década están incluidos en los datos. Además, seleccionar el fondo indexado eliminaba la necesidad de buscar esas infrecuentes agujas en el pajar del mercado que representan los muy pocos fondos de gestión activa que han rendido mejor que ese pajar, en la esperanza vana de que su racha ganadora continuará en las décadas venideras.

Si los inversores pudieran confiar solo en un único factor para seleccionar a los fondos de rendimiento superior del futuro y evitar los de rendimiento inferior del futuro, ese serían los costes del fondo. Los registros difícilmente podrían estar más claros: cuanto más se llevan los gestores y los intermediarios, menos ganan los inversores. Así que, ¿por qué no invertir en un fondo indexado sin un gestor activo y sin honorarios de gestión, y prácticamente sin negociación de acciones a

través de esos ayudadores mencionados en el capítulo uno? ¿Por qué no? El capítulo doce explora esta idea en mayor profundidad.

No tienes por qué creerme a mí

Si nos remontamos hasta 1995, Tyler Mathisen, editor ejecutivo por entonces del Money, nos dio la razón: «Durante cerca de dos décadas, John Bogle, el locuaz presidente de Vanguard Group, ha predicado las virtudes de los fondos indexados, esas aburridas carteras que buscan replicar el rendimiento de un barómetro de mercado. Y durante gran parte de ese tiempo, millones de inversores en fondos (por no mencionar a decenas de periodistas, incluyendo a un servidor) básicamente le ignoraron. Sin duda, admitimos los méritos intrínsecos de los fondos indexados, como los bajos gastos anuales, y, al mantener estos fondos la rotación bajo mínimos, los bajos costes de transacción. Además, como los gestores de los fondos indexados convierten los beneficios sobre el papel en ganancias realizadas con menor frecuencia de lo que lo hacen los patrones de los fondos de gestión activa, los accionistas pagan menos impuestos cada año al Tío Sam. No cabe duda de que estas tres ventajas forman un trío tan impresionante como Domingo, Pavarotti y Carreras».

«Pues sí, Jack, estábamos equivocados. Tú ganas. Conformarse con la media es lo suficientemente bueno, al menos para una parte sustancial de las carteras de renta variable y renta fija de la mayoría de los inversores. De hecho, con bastante frecuencia, apuntar a replicar las rentabilidades de la referencia asegura a los accionistas una probabilidad superior a la media de superar a la típica cartera de gestión activa de renta fija o renta variable. Es la paradoja de la inversión en fondos de hoy en día: apuntar a la media es tu mejor opción de acabar por encima de la media. Hemos aceptado estar de acuerdo con él algunas veces espinoso y siempre provocativo ejecutivo de fondos conocido por sus admiradores y detractores como San Jack: la indexación debería formar el núcleo de las carteras de fondos de la mayoría de los inversores. Así que esto va por ti, Jack. Tienes derecho a llamarlo como recientemente has hecho en un libro que has escrito, El triunfo de la indexación.» (¡Gracias, Tyler!)

Repaso del capítulo

Resumen. El único predictor consistente de rentabilidad futura superior es el coste del fondo. Los fondos del cuartil de menor coste superaron a los del cuartil de mayor coste en 2,7 puntos porcentuales anuales, con menor riesgo. Si se busca el fondo de menor coste de todos, la respuesta es el fondo indexado.

Puntos clave Frases del capítulo
El sentido común nos dice que el rendimiento va y viene, pero los costes permanecen.
Cuanto más gana el gestor, menos gana el inversor.
Comprueba que entendiste
¿Por qué los costes son mejores predictores de rentabilidad futura que el rendimiento pasado?
Porque los costes son persistentes, medibles y no requieren ninguna capacidad predictiva sobre el mercado; el rendimiento pasado es aleatorio y revierte a la media, pero los costes seguirán siendo los mismos año tras año.
¿Cómo se justifica que los fondos de alto coste asuman más riesgo pero obtengan menos rentabilidad?
Para tratar de compensar su desventaja de costes, los gestores de fondos caros se ven tentados a asumir más riesgo (acciones más volátiles, mayor concentración), pero ese riesgo adicional no genera rentabilidad suficiente para cubrir la brecha de costes.
Aplícalo: Ordena todos tus fondos actuales por ratio de gastos total (incluyendo comisiones de distribución y costes de rotación estimados) y migra progresivamente hacia los de menor coste, priorizando el fondo indexado de todo el mercado.
El Pequeño Libro para Invertir con Sentido Común
John C. Bogle
20 capítulos
01Dedicatoria 02Introducción. No permitas que una estrategia ganadora se convierta en una estrategia perdedora 03Capítulo uno. Una parábola 04Capítulo dos. Exuberancia racional 05Capítulo tres. Únete al bando de los negocios 06Capítulo cuatro. Cómo la mayoría de los inversores convierten un juego de ganadores en uno de perdedores 07Capítulo cinco. La gran ilusión 08Capítulo seis. Los impuestos también son costes 09Capítulo siete. Cuando los buenos tiempos no se prolongan 10Capítulo ocho. Seleccionando los ganadores de largo plazo 11Capítulo nueve. Los ganadores de ayer, los perdedores de mañana 12Capítulo diez. ¿Buscas consejo para seleccionar fondos? 13Capítulo once. Céntrate en los fondos de menor coste 14Capítulo doce. Benefíciate de la majestad de la simplicidad 15Capítulo trece. Fondos de bonos y fondos del mercado monetario 16Capítulo catorce. Fondos indexados que prometen batir el mercado 17Capítulo quince. El fondo cotizado 18Capítulo dieciséis. ¿Qué habría pensado Benjamin Graham sobre la indexación? 19Capítulo diecisiete. «Las implacables reglas de la humilde aritmética» 20Capítulo dieciocho. ¿Qué debo hacer ahora? Quiz del libro
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